domingo, 29 de noviembre de 2015

Ley de libertad

Es “ley de vida”, exclamamos tantas veces, y la sustancia obvia de su contenido nos devuelve a la misma ruta de siempre, sin que advirtamos que al pronunciarla nos hemos hecho, una vez más, obedientes. Ley de libertad entonces, porque solo los que se atienen a la justeza de los límites conocen el secreto de la libertad. Su pulpa silenciosa de repente la sentimos en la cuenca de la mano sin saber cómo ha remanecido en ella. El yugo que nos sujetaba es ahora vuelo que nos aligera, descubriéndonos entonces deseosos solo de lo bueno y lo verdadero, sorprendidos de ansiarlo así, con tan inopinada holgura. ¿No ha de conducirnos esta libertad al paraíso que han diseñado nuestros mejores sueños?

miércoles, 25 de noviembre de 2015

A pesar de los pesares

Son muchos los pesares que Aurelio Arteta le endosa a la vejez, quizá demasiados, cuando en verdad habría que decir que no existe la vejez sino los viejos, y la suerte de estos es varia en lo que respecta a la salud y la enfermedad, la soledad y la compañía, los dos factores de los que depende en mayor grado que la vejez sea más o menos pesarosa. Pero según lo que escribe el autor vasco en A pesar de los pesares. Cuaderno de la vejez, esta es pesarosa sí o sí, y lo demás son cuestiones de detalle. A mí desde luego el libro me ha asustado y más querría yo morir antes que llegar yo a la edad provecta si lo que me voy a encontrar es eso y solamente eso que nos cuenta Aurelio Arteta. Sin embargo toda su oscuridad, la poca o ninguna luz última que en su opinión tienen los últimos años de la vida de un hombre, depende principalmente de su cercanía al final, a este final: la muerte aniquiladora, la nada, el no ser, el postrero y definitivo olvido. Como ateo, ante este final, a las connaturales miserias de la vejez (si es que las tiene, añado yo matizando a Arteta, pues, insisto, la suerte es varia), se suma la miseria última que es morir para siempre, no vivir ya nunca más. De aquí no nace ninguna alegría, ninguna esperanza, ningún bien, porque es imposible que lo haga. No hay nada porque no hay nadie. Pero merece la pena, afirma Arteta, a pesar de las penas de la vejez y de la más penosa de todas que es morir del todo y para siempre, haber nacido, haber vivido, porque el hombre es el más valioso de los seres, tiene dignidad, incluso el mayor de los criminales vale más que cualquier otro ser no humano.
No sé si todos los no creyentes se sumarían a la presentación de la vejez que hace Arteta. Acaso sí, si, con la misma rotundidad que él, creen que es una nada rotunda el destino final del todo hombre. No puede haber esperanza última, solo “esperanzas penúltimas”, las ligadas a esta vida, afirma el autor de Tantos Tontos Tópicos, y con estas se debe conformar el viejo que, por su edad, más cerca está que cualquier otro de saber que uno, finalmente, se muere. El punto es punto final.

martes, 24 de noviembre de 2015

lunes, 23 de noviembre de 2015

domingo, 22 de noviembre de 2015

El único homenaje

El único homenaje que encuentra en mí el amor es el de mi impotencia. Los otros, con su presencia frágil y exigente, me recuerdan constantemente que a ellos me debo, que son ellos las auténticas demandas del Amor. Pero cuando estoy a su lado mi debilidad solo me permite pensarlos, verlos como hijos del Amor. No puedo hacer nada más que otorgarles con mis ojos, con mi corazón y mi pensamiento, toda la dignidad que ellos son y expresan. Y aún así no siempre soy capaz de aceptarlos en toda su diferencia, en toda su concreción irrepetible. ¡Qué lejos queda siempre la generosidad del amor, qué cerca las delicias del egoísmo impotente!

domingo, 15 de noviembre de 2015

Arrodillarse

ARRODILLARSE

Ante quien nos grita “¡de rodillas!” para, humillándonos, hacer valer su dominio, nos arrodillamos, pero no entregamos nada, solo ejecutamos la orden de un poder que puede quitarnos la vida.
Gozosamente nos inclinamos ante quien nos ha puesto de pie, irguiéndonos hasta nuestra altura de hombres, pues tenía amor para hacerlo y lo hizo. Ante el Altísimo que nos hizo altos, nos arrodillamos, con el corazón henchido, dispuestos a entregarle la vida.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Pío Baroja

Al oír en el telediario el nombre de Pío Baroja, que informaba sobre su novela inédita, Los caprichos de la suerte, mi madre comenzó a decir algo sobre él. “Espera un momento, mamá, que quiero escuchar la noticia”. Al terminar la información, le pedí que siguiera con lo que estaba diciendo, que fue lo que sigue: “Baroja va sus zuecos arrastrando y su carrito guiando, tirado por un borrico. ‘¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo?’ Mas cuando el rostro volvió, vio que otro pobre iba cogiendo las migas que el arrojó”. “¡Anda, mamá!, ¿y esto?” “Lo aprendimos en la escuela, de niños”.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Il popolo, l'aristrocratie

Uno escucha el italiano y se siente parte de “il popolo”; escucha el francés, y se siente parte de “l’aristrocratie”. En ambos casos, música para los oídos.

(Y en Al hilo de mis ojos, mi blog de fotos, El príncipe del agua, que no es otro que mi amigo Emilio)

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un recuerdito

Tan importante como repasar el mal que hemos hecho es olvidar nuestras buenas obras. Pero acaso no está de más un recuerdito de este nuestro buen hacer los días en los que nos creemos malos malísimos, no más que por ahuyentar la desesperación. ¿Y un recuerdo de nuestro mal hacer? También, para corregirnos de nuestra presunción.

martes, 3 de noviembre de 2015

La principessa

“Buongiorno, principe”, me dice muchas mañanas cuando llego al trabaja. “Buongiorno, principessa”, le contesto.

La principessa, en uno de sus viajes a países exóticos, se vio en apuros al quedarse rezagada cuando bajaba de un volcán, pues su paso era más lento que el del resto del grupo que la acompañaba. Cuando este llegó a un punto en el que se abrían dos caminos, la guía no tuvo el detalle de darse la vuelta para comprobar si estaban todos. Al llegar aquí, la principessa se dijo: “¡Mio Dio, ora che faccio!” Unos jovencitos motoristas aparecieron de pronto, si bien, al no saber ella inglés, malamente iba a poder entenderse con ellos. El caso es que le vino a la cabeza el famoso “Don’t worry”, de Bobby McFerrin, y así se arregló todo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Las maravillas

Tras ver en Filmin La canción del mar, del director irlandés Tomm Moore, una maravilla de dicha y luz, pienso que las maravillas que inventamos los hombres son huellas del cielo, caminos que nos llevan a él, anuncios clarísimos de un mundo radiante y feliz.

domingo, 1 de noviembre de 2015

La misión de uno

La misión de uno es el quicio de uno y no hay salvación fuera de ella. Dentro de la propia misión uno permanece arropado, ahormado, y en su exterior no cabe esperar otra cosa que desorientación y desasosiego. Salir del camino es exponerse a caer entre zarzas y piedras, para ser pinchado por las unas y golpeado por las otras. Es como sacarse la armadura y ponerse a tiro de cuanto viento hiriente ande suelto. La misión es la vida normal, a la que se aconseja volver lo más pronto posible después de haber sufrido cualquier tipo de descalabro. Nos embrida, nos lleva de la mano, nos acoge siempre tras los extravíos. Su cordura nos hace bravos, nos permite ejercer la bendita locura del deseo, la imaginación, la fantasía, la esperanza.

(De De camino)