lunes, 31 de agosto de 2015

La ergonomía

En mi butaca, a medida que lo fui necesitando fui poniendo: un cojín plano en el asiento y mucho tiempo después un cojín abombado; un cojín en la espalda y mucho tiempo después uno específico para la zona lumbar. Yo diría que este, en lo que a la postura se refiere, es mi andamiaje lector, escritor y escuchante. Compré no hace mucho una almohadilla plana hinchable para un uso que al final deseché pero que me viene ahora de perlas para poner sobre mis piernas cruzadas y en ella apoyar el libro que esté leyendo. Y creo que ya, pero a saber si mi tan buscada ergonomía no precisa de algún artilugio más en el futuro.

domingo, 30 de agosto de 2015

Nubes

Llevo un rato meditabundo y mis ojos se dejan llevar por la procesión de nubes que el viento no se cansa de empellar. Algodonosas o filiformes, breves o copiosas, nunca han depuesto ante mí su oficio de eternas vagabundas, siempre insinuantes y siempre huidizas, dejando ese poco suficiente que nos invita a descifrarlas pero rápidamente volátiles para que de ellas sólo nos quede un sueño. Seres en tránsito, no sólo por su incesante andadura sino sobre todo por su forma inacabada, por su estar siempre a punto de ser algo que nunca acaba de fijarse, ¿no han de ser el estímulo de nuestro propio vagabundeo, que nos hace hábiles componedores de vapores y fantasías y en el que nuestro espíritu, cansado de tercas exactitudes, se abandona a su propia voluptuosidad?

sábado, 29 de agosto de 2015

El oficio de vivir

El oficio de vivir, de Cesare Pavese, es uno de los títulos más hermosos que pensarse pueda. Yo lo habría querido para dos libros míos pero no se lo podía pisar. Lo que sí hice fue tomar una mitad para uno y la otra mitad para el otro. Así, “El oficio” me sirvió para titular El oficio de un corazón y “de vivir” para El trabajo de vivir. Otro título del cual quisiera tener también el copyright es Los trabajos y los días, de Hesíodo.

viernes, 28 de agosto de 2015

Desvelos

Así quiero estar,
dentro de mí,
dentro de ti,
en todo.

Ayúdame Señor Dios mío
a estar así,
en paz,
entregado a ti.

La oración es útil,
es inútil,
no quiere palabras.


La chair est triste, hélas ! et j'ai lu tous les libres (Stéphane Mallarmé)
Caen,
uno tras otro,
los libros.
Pero no soy Mallarmé
y no estoy triste.

Cuerpo inocente
el que tú dejas
sobre las olas.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Desvelos

Palabras, las justas, las necesarias, las que Dios me dé.

Un relato pobre me acompaña.

¿Qué tipo de felicidad me corresponde ahora?

¡Ah, si amáramos a los que nos aman! Pero ni siquiera con esto cumplimos.

Las venas, al otro lado de la piel, dibujan un itinerario, una búsqueda, un corazón.

La preocupación me desvela pero ella no te salvará la vida si es que tienes que perderla.

La Plenitud no tiene desvelos pero el Vacío sí.

¿En qué medida había olvidado que el trabajo es un trabajo Callado que brota del Silencio?

martes, 25 de agosto de 2015

Conservar y conservadurar

“Su lentitud (la de la Iglesia) revela en ocasiones una especie de sabiduría, pues protege lo que de hermoso y vulnerable hay en nuestra herencia y nos aísla del inane entusiasmo que suscita el cambio por el cambio, protegiéndonos así de la ilusión de que podemos renovarnos a nuestro antojo; pero esto siempre tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas” (Francis Spufford, Impenitente. Una defensa emocional de la fe). Pensé esto durante años sin encontrar las palabras precisas para decirlo y al fin me las ha puesto ante los ojos Francis Spufford. La necesidad de “conservar” de la iglesia lleva aparejada siempre una tentación: la del conservadurismo. Esto es lo que viene a decir el autor británico, conservadurismo que a veces “tiene el coste de tardar demasiado en reconocer determinadas necesidades humanas y de tolerar injusticias escandalosas”. Conservar la Tradición no significa conservar costumbres que solo son fruto de un época; rechazar la ideología del progresismo no debe implicar no progresar allí donde es conveniente hacerlo; no sujetarse al espíritu de los tiempos no significa desoír los signos de los tiempos a través de los cuales habla el Espíritu. La Iglesia, que tiene como única roca a Cristo, echa a veces el ancla en rocas que son un lastre para ella y le impiden caminar.
El Vaticano II, alimentándose de toda la obra de recuperación que se había ido gestando en los años anteriores de las fuentes bíblicas, patrísticas y litúrgicas, ¿no progresó desde ellas para ser en buena ley conservadora y sacudirse así el polvo conservadurista que pesaba sobre ella?

domingo, 23 de agosto de 2015

La suerte de todos

Hay que dar gracias a Dios por Cristo, sobre todo por Cristo. Es la única acción de gracias que puedo hacer sin que me afecte el temor de que alguien pudiera estar despojado de eso que yo agradezco. Podría dar gracias por el pan diario, y muchos no lo tienen; por el amor humano que me acompaña, y muchos carecen de él; por la amistad, y muchos no la conocen. Este contrapunto, saber que el don que yo agradezco no es universal, me pone en apuros teológicos y espirituales. Estos desaparecen si pienso en la gracia de Dios por antonomasia: su hijo, don universal por quien puedo dar las gracias sin sentirme por ello egoísta ni con mejor suerte que otros. Cristo es la suerte de todos. Gracias sean dadas al Padre por él.

viernes, 21 de agosto de 2015

La vida es un cuento

Cuando no podemos explicar la vida siempre nos queda el recurso de contarla y la narración que entonces surja podrá funcionar como una suerte de explicación. El caso es que haya siempre palabras porque así nunca desaparecerá la posibilidad de que haya un sentido.

jueves, 20 de agosto de 2015

¿Cómo será?

El cielo no puede anular las relaciones que en la tierra nos constituyeron esencialmente pues resucitará el que fuimos, no otro, y el que fuimos lo fuimos de una determinada manera y no de otra. Tendremos que reconocernos a nosotros mismos en la vida eterna y esto no será posible si los protagonistas esenciales de nuestra vida terrena no lo continúan siendo allí. Pero ¿cómo será esto, de qué manera mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos, serán allí mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi cónyuge, mis hijos, mis abuelos, mis nietos? ¿Cómo continuará allí toda la vida que me construyó y que yo construí?

miércoles, 19 de agosto de 2015

El don de la ebriedad

Hace unos días, en una fiesta de cumpleaños, X. bebió más de la cuenta y al final quedó hecho un borrachín. Por más que, en la despedida, se harto de abrazarme y decirme lo agradable que yo era, no por eso dejó de resultarme profundamente simpático. Bien es cierto que, en sobrio, ya le tenía un gran cariño porque sino a ver, pero el caso es que acogí sus efusiones ebrias muy complacido. Espero que al día siguiente, en plena resaca, no haya estado, al menos en lo que a mí se refiere, en pleno arrepentimiento: no solo perdono sino que agradezco. Si lo suyo fue un in vino veritas, esta veritas a mi corazón le gustó mucho.

martes, 18 de agosto de 2015

El doctor Zhivago

Me resultó imposible leer El doctor Zhivago sin tener continuamente delante de los ojos los rostros de Omar Sharif y Julie Christie, protagonistas de la película homónima de David Lean. Dado el profundo aliento poético de esta, la  novela se llenaba de él y creía estar leyendo una novela-poema. ¿O será que el director británico rodó una película poética porque era el único modo de hacerle justicia a la obra de Boris Pasternak? El caso es que, con un Sharif-Zhivago y una Christie-Lara tan aureolados de poesía, la lectura de la novela de Pasternak fue, a la par que un acontecimiento narrativo, un acontecimiento poético.

domingo, 16 de agosto de 2015

Sábanas

SÁBANAS

En el imaginario doméstico las sábanas tuvieron siempre un estatus especial. Su blancura, el modo como lucían al sol mientras se secaban en las huertas, en los tendederos de las ventanas y en las terrazas, desplegadas al viento, anchas y largas, como velas de barco, la lisura que recobraban tras ser planchadas y dobladas, el confort que daban a los armarios y arcones que las guardaban, los bordados primorosos que exhibían, su condición de vestido del lecho, que así ya no era sin más jergón sino cama en la que uno se recogía para dormir y amar, cama limpia con sábana limpia. Todo esto hacía de la sábana la bandera doméstica, quizá en competencia con el mantel, o en comandita, banderas de una paz hogareña.

viernes, 14 de agosto de 2015

Amigos

Al final, el amigo, la amiga, es el que está ahí, la que está ahí, medio olvidados unos de otros a veces: problemas de agenda, distancias geográficas, perezas del corazón... Pero están ahí, estamos ahí sin duda, y llegado el momento resurgimos unos para otros como una potente llamarada o un río que salta.

jueves, 13 de agosto de 2015

La nube del no-saber

A principios de este año comenzó a resultarme vomitiva la imagen del lector como un devorador de libros. Yo mismo me daba náuseas en la medida en que fui este tipo de lector; estaba claro que ya no quería seguir siéndolo. Me invadió la “nube del no-saber” y, en ella instalado, supe que no quería devorar sino leer; buscaba otro ritmo, pausas, una nueva cadencia. No estoy seguro de que vaya a lograrlo porque tampoco sé exactamente lo que busco. Bueno, sí lo sé, la compañía que presta un libro, más profunda en unos casos, menos en otras, y las compañías, las amistades en definitiva, no se devoran sino que se paladean. Solo lentamente se hace una buena ingestión, solo lentamente se conversa, solo lentamente se vive.

miércoles, 12 de agosto de 2015

No leo pero...

Lo poco o mucho que lean los habitantes de un país no es el único indicador del grado de su cultura porque hay otras actividades del espíritu que hacen que el hombre, además de un ser biológico, sea un ser culto (“cultivado” me gusta más), es decir, humano. Así, habrá quien se cultiva con la música, con el cine, con la visita a museos y exposiciones, con la fotografía, con los viajes, actividades todas ellas que, cultivándole, expanden al hombre más allá de sus necesidades estrictamente biológicas. Del hombre que no “se inventa” las necesidades que transcienden sus meros apetitos fisiológicos mal se puede decir que sea en verdad humano.
¿Es la lectura la actividad más cultivadora del espíritu humano, más por ejemplo que la escucha de una sinfonía, la visión de un cuadro, de una escultura, de un edificio o de una película, más que las conversaciones de un viajero con los habitantes del país que recorre de una punta a otra? No lo sé, acaso sí, pero un hombre que no lee solo es un hombre que no lee y ninguna cosa se puede deducir de este solo dato sobre el grado de su cultivo si no sabemos nada más. El mapa de la aventura que hace que un hombre sea en verdad un hombre es mucho más amplio.

martes, 11 de agosto de 2015

La misa góspel

En vez de ir a una multitudinaria misa góspel decidimos apostar por una más modesta, la de la Mother African Methodist Episcopal Zion Church (¡toma ya con el nombrecito!).
Cogimos el metro y nos plantamos en Harlem el domingo 26 de julio. Pero lo mismo pensaron otras decenas turistas y si pensábamos que íbamos a estar poquitos extranjeros nos equivocamos de pe a pa: había muy poca gente de la comunidad negra, no más de treinta personas calculo, y el resto, quizá unos setenta, éramos sobre todo españoles, italianos y franceses, además de algún alemán, algún argentino, algún surcoreano y así. Esto lo sé porque, a la entrada, en la que nos recibía un muy amable africano metodista episcopaliano de Sión, o como quiera que se diga, escribíamos en un libro nuestro país de procedencia, de modo que, antes de comenzar la misa, el celebrante nos dio a la bienvenida a todos yendo país por país. Como elegimos lo “modesto”, modesto fue también el coro góspel, compuesto por unas diez personas, que cantaron mucho y bien. Quizá para compensar, el pastor en su sermón, por lo menos en lo que a decibelios se refiere, no quiso ser nada modesto y tronó como un Júpiter micrófono en mano: aquello fue una pura furia sónica, que mis oídos no soportaron y yo tampoco. Como mi inglés es un inglés perro no entendí lo que dijo pero a buenas horas me iba interesar cuando era una estruendosa garganta la que me asaltaba. Un horror, vaya. A mi hermana le gustó, y por lo que pude oír a la salida, a otros también.
Si vuelvo a Nueva York, pago los sesenta dólares de la excursión de marras y me ahorro modestias. Asistiré entonces a un buen espectáculo góspel, con un coro como Dios manda que luzca magníficas galas y voces, muchas mujeres negras tocadas de fantásticos sombreros y, eso espero, un pastor que hable y no grite pues para eso se inventaron los micrófonos.

lunes, 10 de agosto de 2015

La gloria

Que se vive como se puede nos lo dijo Machado y uno vive también en lo gris como puede, rogando que vuelvan los colores.

Frente al alimento que pensamos sería el mejor para nosotros está el alimento que se nos da y que ingerimos de mala manera. ¿Y si resultara que, a la larga, era este último el mejor? Con estas confianzas futuras sigue uno caminando.

Somos lo que somos cuando tenemos pena, cuando tenemos gloria, cuando no tenemos ni pena ni gloria. Al final ya solo seremos gloria, también la gloria que tuvieron los días de pena y la gloria de los días sin pena ni gloria.

domingo, 9 de agosto de 2015

La escalada

Los tramos difíciles de la vida son siempre de escalada, montañosos, llenos de rocas, por los que hay que ascender con respiración dificultosa y jadeante. Una vez vencidos, cuando ya se está en la cumbre, comienza el descenso, alegre y ligero, hacia la planicie, terreno llano y libre de espesuras, y que corresponde a los tramos fáciles de la vida, donde ya no se escala sino que se camina, simplemente, con respiración holgada y sin necesidad de esfuerzo. Y tras cada promontorio o montaña, la llanura que se alcanza después está a un nivel superior que la anterior, de modo que, de explanada en explanada, vamos a más, siempre y cuando cumplamos en cada ocasión, con éxito, la pertinente remontada.

(De De camino)

sábado, 8 de agosto de 2015

La más cool

¿Qué puede resultar más llamativo en Nueva York, una chica con el pelo colocado de tal manera que parezca ir tocada de colas de pavo real u otra chica haciendo ganchillo? A mí me resultó mucho más llamativo lo segundo, porque no podía imaginar que todavía quedasen en el mundo mozas interesadas en el ganchillo y menos en pleno Manhattan. Una al menos hay, la que estaba sentada a mi derecha delante de la Biblioteca Pública. Esperaba allí a mi hermana, entretenida con algunas compras, y mi sorpresa no fue poca cuando, al girarme hacia mi diestra, estaba la chica en cuestión dale que te pego al ganchillo. Aquí hay una foto, me dije, y, distraídamente, como quien no quiere la cosa, la pillé. A lo mejor la más cool de toda la Gran Manzana era ella.


viernes, 7 de agosto de 2015

Cosas que pasan

Debían ser las once de la mañana y, mientras hacía mi media hora de cinta, a los veinte minutos de estar en ella me sobrevino un cansancio que no me dejó continuar, un asalto de ansiedad (¿O de angustia? Nunca veo con claridad la diferencia entre una y otra) ya conocido por mí. Me suele ocurrir, cuando ocurre, mediada la mañana, y siempre viene de la mano de algo que me emociona positivamente. Pero esta vez fue distinto. Hubo en ello algo de desplome físico y lo que hice fue bajar a beber el vaso de agua, el que tomo siempre después del desayuno, y que todavía no había tomado. Me comí también dos nectarinas. Me senté después en la butaca de mi habitación e hice lo que siempre hago en tales casos: respirar profunda y pausadamente. Después, con inmensas ganas de dormir, me eché en la cama. Haciendo un gran esfuerzo, fui a la zapatería que se había comprometido el día anterior a pedir unos zapatos que podían interesarme a decirles que finalmente había encontrado y comprado en Santiago unos que se ajustaban más a lo que andaba buscando. Le pedí perdón por las molestias causadas a la chica que me atendió y que no pudo disimular del todo un gesto de desagrado. Volví a casa con la intención de seguir durmiendo, pero era ya la una y cuarto. No tardaríamos en comer. Sin demasiadas ganas cogí el ebook, lo encendí y continué la lectura de Trilogía de Nueva York, de Paul Auster, allí donde la había dejado.

jueves, 6 de agosto de 2015

El Flatiron Building

Un diseño originalísimo y una factura impecable hacen del Flatiron Building un edificio excepcional, el que más (y lo que más) me gustó de Nueva York. Visto de frente no se aprecia en él ninguna profundidad, te parece plano y hasta irreal. Yo, incrédulo, me dije que hasta que no lo tocase no estaría seguro de su existencia. Y sí, es pura piedra con forma de plancha (de aquí su nombre, iron, plancha en inglés), aunque más parece la proa de un barco que con audacia se mostrase dispuesto a abrirse paso a través de Manhattan derribando todo a su paso, y allá se las compongan el Empire State, la torre Rockefeller, el Chrysler y tutti quanti.

martes, 4 de agosto de 2015

Nueva York

Me vi en la Nueva York que esperaba encontrar y en este sentido no hubo sorpresas pero sí el cumplimiento de las promesas hechas por todas las imágenes de la ciudad vistas a lo largo de toda mi vida en películas, informativos y fotos. La ciudad de los rascacielos fue fiel a mis expectativas y no me defraudó en absoluto. De la ciudad habitada por mis sueños pasé, con perfecta continuidad, a la ciudad pisada por mis pies, que, junto con los de mi hermana María, se hartaron de callejearla uptown y downtown, east side y west side. El cielo siempre rascado por los altísimos edificios solo te lo encuentras si subes con ellos hacia arriba, por sus paredes de cristal, en las que unos y otros se miran. El horizonte es por eso vertical y has de levantar la cabeza si quieres encontrar lejanías. ¿Por qué en un momento dado comenzó, no ya la conquista del oeste, sino la de las alturas, que hizo de Nueva York la ciudad por antonomasia de los rascacielos? ¿Qué sueños cumplieron así los hombres que los construyeron: de poder, de dinero, imperialistas, olímpicos, espirituales? ¿Qué tipo de hombre venció con ellos y qué tipo de hombre quedó vencido por ellos? Preguntas vanas a lo mejor, inútilmente profundas, sobre todo para el turista que solo quiere subirse a ellos para disfrutar de magníficas vistas. Un servidor fue lo que hizo y se quedó tan contentó.

domingo, 2 de agosto de 2015

Ma plus belle création

El que duerme cree en Dios
(G. K. Chesterton)

Porque todo el que duerme
cree en Dios y soñar es un acto de fe
en él, que creó la noche, “ma plus belle création”,
como Péguy le hace exclamar. ¡Oh sí!
Y Charles de Foucauld se enfada por ser
uno de esos “que tan a menudo se duermen
a vuestros pies
y son perezosos para luchar contra el sueño,
cuando podría orar
con Vos”.
Pero se ora cuando se duerme
y el hombre debe dormir
a sus pies
para recobrarse, para soñar
lo que fue, lo que debe seguir siendo,
y que sólo Dios sabe.
Hay que dormir, es conveniente
dormir, es necesario
que se duerma,
porque permanece en el sueño
lo que ha sido.