martes, 30 de junio de 2015

La casa misteriosa

Es una casa misteriosa. Las ventanas de la planta baja, donde supuestamente se encuentra la sala, están siempre cerradas. Pululan por ella jóvenes brasileños. Creemos que hay una mujer que debe ser la madre de uno -o de más de uno- de ellos y que el resto son amigos que entran y salen. Mi hermana María, que vive justo al lado con su familia, pared con pared, les presentó sus quejas por los fiestorros que hacen a deshora, a las tantas de la mañana, con la música altísima. Mi cuñado Víctor en una ocasión se encontró en su huerta, también paredaña con la de ellos, un condón. “¿Y cómo vino a parar esto aquí?” Se dice que la mujer adulta y supuesta madre de alguno de los chicos se dedica a “la mala vida” en un club de alterne que no está muy lejos del núcleo urbano. A mi hermana le pareció sentir una vez que la señora se lo hacía con un cliente.

lunes, 29 de junio de 2015

Don Nadie

Te agarras a emociones que tienen que ver con acciones futuras, te exaltas con ellas y de nuevo te equivocas.

Es justo que lo que esperabas no sea como lo esperabas: la vida imparte así una buena lección.

Si fuera santo se acabarían todos mis problemas.

¿Necesitas realmente el aplauso? No, el cariño es lo que necesito, la atención de ese muy específico alguien que no te atiende como tú lo pretendes.

No quiero ninguna dicha que no sea la que tú me des, y en ella, callar.

No quiero exultar de gozo salvo que sea un exultar bien.

Regalar sin esperar nada a cambio. Dar gratis.

Ser un Don Nadie para ser auténticamente libre. En esto tiene razón Muñoz Molina.

Mucha soledad puede hacer daño, también la soledad querida.

domingo, 28 de junio de 2015

¿Sabe usted lo que es el sueño?

“¿Sabe usted lo que es el sueño? ¿Sabe usted que todo el que duerme cree en Dios? El sueño es un sacramento, porque es un acto de fe y es un acto de nutrición”.
(G. K. Chesterton, El candor del padre Brown)

“Hay que borrar la idea, nefasta por muchos conceptos, de que entregarse es abandonarse. Abandonarse sería huir de sí; (...) Esto sería un gigantesco acto de comodidad o de desesperación. La entrega es todo lo contrario” (Xabier Zubiri). 
Tenía pensado comenzar hablando del abandono para referirme a lo que el hombre hace cuando se pone a dormir. Pero entonces me acordé del texto de Zubiri, en el que se impugna el término “abandonarse” como sinónimo de la “entrega”, por connotar algo pasivo, huyente, desesperado y acomodaticio. Sin embargo, creo yo que en la literatura religiosa de la tradición cristiana el “abandono” nunca quiso significar una deserción de la propia y activa mismidad, sino que, muy al contrario, quería expresar el modo como el hombre, positiva y dinámicamente, se pone en manos de Dios. Pensar aquí en una presunta “comodidad” o “desesperación” sería erróneo.
El caso es que, para que podamos hacer nuestro el pensamiento que Chesterton expresa a través del padre Brown, tendríamos que entender que el sueño sólo como un “abandonarse” activo y positivo podría ser “un acto de fe”, es decir, sólo si con él el hombre hace un acto de “entrega”. La pasividad del sueño tendría que ser entonces en lo más hondo una laboriosa actividad del espíritu, el cual, más allá de los diques de la conciencia, seguiría buscando a Dios, o mejor, seguiría siendo buscado por éste.
¿Y cómo es el sueño para que en él el hombre esté en mejores condiciones que durante la vigilia para creer en Dios, según nos da a entender el autor de El hombre que fue Jueves? Es difícil no ceder a la poética de las imágenes y dejarse hipnotizar por ellas. La noche como abrazo del descanso, como manto protector, como disolución de la agitada y multiplicada actividad de la mente y los sentidos, como entrada en el reino de lo inconsciente y de lo infinito: pareciera que en estas condiciones el corazón del hombre, distendido por los velos nocturnos y liberado de los límites que impone la actividad consciente, estaría más accesible para Dios. Se comportaría entonces la noche como “el gran seno de la revelación” (Novalis), como “el amigo del hombre” y “el amigo de Dios”, como su (de Dios) “creación más bella” (Péguy).

miércoles, 24 de junio de 2015

¡Plaf!

A la que te relajas, ¡plaf!, ya eres otra vez malo y egoísta.

Soy malo, soy bueno, soy gris, soy de colores...

Qué fácil es que una oración solitaria sea una oración egoísta.

El ombligo, ahí, jo... a uno.


PD:
Ayúdame a ser bueno,
Señor.
Yo solo no puedo.

martes, 23 de junio de 2015

La muerte

-Siento mucho la pérdida de tu hermana.
-Gracias, Suso. Para mí ha sido injusto. Lo tenía todo: era una excelente hermana, esposa, madre, hija, amiga... Y otros en cambio siguen ahí.

-Querida X. Siento muchísimo que hayas perdido a tu marido. Rezo por todos vosotros. Un fuerte abrazo.
-Muchas gracias Suso. Estoy asimilando esta muerte injusta, repentina de un hombre bueno, del compañero de mi vida al que querré mientras viva. Por eso mi dolor es inconsolable. Un beso.

-¿Era un buen hombre su marido?
-Sí, era un buen hombre. Teníamos una buena vida juntos. Nos amábamos mucho. Y ahora se ha ido. Y eso no es injusto. Simplemente es lo que sucedió. Pero mucha gente no tiene una buena vida. No sienten amor. Por eso es injusto. Siento pena por ellos (De Calvary, una película de John Michael McDonagh).

domingo, 21 de junio de 2015

Velad

Velad,
jóvenes cantores,
velad de noche
y así os encuentre el alba.
Lloved,
haced agua,
no os quebrante el tiempo,
y vengan las jornadas.

sábado, 20 de junio de 2015

El ojo vago

Es posible que en alguna etapa anterior de mi vida fuera una persona realmente observadora, sobre todo de la gente, y que lo hiciera saber al hilo de una conversación que lo demandase: “Yo es que soy una persona muy observadora...”. Ahora ya no lo soy, y leyendo Ventanas de Manhattan, de Muñoz Molina, me doy todavía más cuenta de ello: no, no soy el observador atento, detallado y minucioso que es él y que le permite dar cuenta de todo lo que ve con golosa delectación, que llega a fatigarle a uno. Mi mirada se ha hecho más vaga y menos exacta, más contemplativa y menos curiosa, más panorámica y flotante y menos escrupulosa. Vivo con ojo vago y adentradizo, con otro tipo de atención, más pendiente quizá de rumores interiores, de rastros de nubes, de sonoridades lejanas.

jueves, 18 de junio de 2015

El triángulo

El triángulo que forman el padre, la madre y el hijo es de un tiempo a esta parte un literal triángulo porque el hijo (o hija) es solo un hijo (o hija). Antes se buscaba la parejita -el triángulo era un cuadrado-, pero esto ha ido a menos y el triángulo cuadrado es cada vez más un triángulo triángulo. Más lejos quedan ya los triángulos pentágono, hexágono, heptágono, octágono... Yo pertenezco a un triángulo decágono: papa (en el cielo), mama y sus “increíbles” ocho hijos.

miércoles, 17 de junio de 2015

Todo tiempo

No atiende a primaveras,
no atiende a veranos,
no atiende a otoños,
no atiende a inviernos.
Mata la muerte siempre,
todo tiempo es su tiempo.

domingo, 14 de junio de 2015

Colmado de justicia

No desmerecer del obsequio de la existencia, estar a su altura, a la altura de sus circunstancias, que son esplendentes, fúlgidas, inabarcables. La vida entrega lotes de santidad y su carga sobre nosotros no es peso sino alivio, llamada. Forjar un buen vivir, un buen ser, una buena estancia en este valle, que no es sólo de lágrimas. Hay buenas horas, aunque para muchos, para muchísimos, todo sea en mala hora. A la vuelta de la vida, en el transmorir, ¿no quedará todo justificado, colmado de justicia?

sábado, 13 de junio de 2015

Los que piden

¿Cómo los llamaremos: mendigos, mendicantes, peticionarios, pedigüeños, pobres? “Había una persona pidiendo” es lo que digo cuando me refiero a ellos y veo que en general los demás dicen lo mismo: una persona que pide, así, sin más. Ayer, cuando estaba en una terraza en Santiago, en menos de una hora pasaron tres o cuatro. Si les sonríes o los miras amablemente ya estás perdido: si les has abierto tu rostro, ¿cómo no les vas a abrir después tu cartera? Pero, dado que en estos tiempos tiene uno razones varias para no dar dinero a los que piden, bien porque se traten de mendicantes profesionales, bien porque sean rumanos (Aquí es necesaria una aclaración. Por la prensa local supimos que en un pueblo cercano al mío pillaron a unos rumanos tirando en un contenedor los productos alimenticios que les habían dado a la salida de un supermercado. Estaba claro que lo que esperaban recibir de los clientes no era comida sino dinero. Esto no explica sin embargo por qué motivo se deshicieron de la comida. Un asunto rarísimo), bien porque uno crea que entre Cáritas, los comedores sociales y otra organizaciones varias ya estarían suficientemente atendidos, por todo esto digo, decidió uno que no va a darles dinero. Y para que ellos lo entiendan a la primera se les envía un mensaje muy claro: rostro ceñudo y mirada que se tuerce. Rondando quedan, sin embargo, los flecos de la culpa mordiéndole a uno.
No obro así cuando, tras salir del Eroski los sábados por la tarde después de hacer la compra, me encuentro a las chicas de siempre, rumanas casi todas ellas, o de otro país, como Sabrina, que es de Bosnia-Herzegovina. Siempre les doy algo. A los/las que vienen a pedir a casa tampoco les denegamos una ayuda. Benjamín, extremeño, trabajador de la construcción que se fue a la calle como tantos otros tras el derrumbe del sector inmobiliario, era ya un habitual. Tenía su circuito y mi casa formaba parte de él. Terminé por cogerle cariño. Hace unas semanas, después de mucho tiempo sin verle, me crucé con él en la calle: tambaleando, iba hablando solo bajo los efectos del alcohol. Hubo un peticionario sin embargo al que le espeté un “no confío en usted” -léase: “creo que usted es un vago, vive del cuento y a mí no me va a engañar”- que lo dejó a cuadros. Si su acento parecía ser el de un país de Europa occidental y sus pintas, físico y vestimentas, buenas, ergo no era un pobre pobre y me estaba engañando. Se salía del chip: el pobre tiene que tener pinta de pobre y si no no vale. Y a lo mejor era el más pobre de todos.

domingo, 7 de junio de 2015

La mirada amorosa

En el Diario de Raisa Maritain encontré una idea que ilumina a las mil maravillas una cualidad de mi madre que nunca supe calificar con precisión. Dice así: “Las grandes imperfecciones de nuestros hermanos son como una desnudez en la que no nos está permitido fijar los ojos”. Y ahora me explico. Mi madre nunca habla de los defectos dominantes de los demás y no soporta que los demás lo hagamos. Le parece una falta contra la justicia poner a la vista de todos un flanco que convierte al prójimo en víctima nuestra. Una falta contra el pudor por tanto, porque pone los ojos sobre lo que está desnudo y lo describe impunemente, incluso cuando se hace sin malicia alguna. Mi madre piensa que esta actuación, cuando no median propósitos de corrección fraterna, sólo puede estorbar la verdadera caridad porque deja caer sobre esas deficiencias nuestra mirada judicial y no nuestra mirada amorosa. Cuando escucha tales comentarios, ella no tarda en señalar las cualidades buenas de esa persona. No es que ignore la existencia de tales defectos pero le parece que la persona queda “condenada” con el solo anuncio de ellos. Para “salvarla” mi madre acude inmediatamente a su parte buena y la pone sobre la mesa. Aparta los ojos de lo que está desnudo, para no caer en la tentación de juzgarlo, y los pone sobre lo que está vestido. Aunque en un sentido pueda ser justo conocer y publicar las imperfecciones de los demás, mi madre es de las que se abstiene de la práctica de tal justicia. Ella prefiere aquella otra que busca restaurar lo bueno de la persona ignorando de alguna manera lo malo de ella. Su mirada es la de la caridad, que llega hasta el santuario más íntimo de la persona y allí la descubre como buena.