domingo, 31 de mayo de 2015

Esta extraña desnudez

Octubre de 1988

¿Proviene de ti, Dios mío, esta ausencia de preocupación y tirantez, esta dilatación de la pobreza diaria que me sugiere que mi única obligación es contemplar calladamente las personas y las cosas?
No sé si hago todo lo que debiera hacer. No sé si no hacerlo debiera preocuparme. No sé de qué responsabilidades y deberes me he alejado. Lo único elocuente para mí son los ojos que me miran y a los que miro, los corazones que a mi lado respiran y el mío propio que también lo hace.
De nada puedo presumir. Lo que hago bien no lo considero motivo de orgullo. En este caso, simplemente cumplo con mi obligación. Hay cosas que no hago porque no puedo y otras porque no quiero, y no siempre estoy seguro de lo que en mí es incapacidad o rechazo voluntario. 
No sé cuáles han sido mis aciertos y cuáles mis errores. No sé cuál es el rostro que ahora adopta mi vida. No sé lo que puedo querer o lo que quiero poder. No sé si la escritura es en mí una vocación, una necesidad o un deseo. No sé el porqué de mi torpeza, de mi debilidad, de mi desaliño y de mi pereza. No sé a dónde me conduce toda esta extraña desnudez.

viernes, 29 de mayo de 2015

El saber que sí ocupa un lugar

Los conocimientos, si se acumulan y no se disuelven o integran en el flujo vital, ocupan un lugar: en este caso, el saber, fastidiosamente, sí ocupa un lugar. Mi naturaleza es más de índole contemplativa que cognoscitiva y es por esto que rechazo últimamente todo afán de saber que, por más que otorgue conocimientos, no aumente la capacidad contemplativa. Me da grima pensar en saber cosas por el mero hecho de “solo saber cosas”. Me niego a ello. Necesito respirarlas, saberlas “sin afán” de querer saberlas, como quien se agacha a coger una flor mientras va de camino a ningún lugar o a todos los lugares. La necesidad de “desconocer” es decir rotundamente no a toda ansia devoradora en el orden del conocimiento. Ansias sí, pero de otro orden, deseos más bien, siempre de la mano del más profundo sosiego.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Desde cero para quedar en cero

¿Cómo leer sin esperar del libro más que su humilde compañía durante unas horas, días o semanas de nuestra vida, el cual a su vez espera contar con la compañía de un lector que nada quiera “saber”, nada quiera “conocer”, nada quiera “registrar”, nada quiere “almacenar”, que solo quiera estar a su lado, viviendo juntos, respirando juntos, mano con mano de camino a ningún lugar o a todos los lugares? ¿Hay una manera de ser lector que ha muerto en mí y hay otra, más humilde, menos avariciosa, menos codiciosa, menos lujuriosa, menos soberbia, menos golosa, que quiere nacer? Ojalá, porque yo ya no quiero leer para “saber” ni para decir que he leído, sino para vivir, con perfecta “inutilidad” y sin ningún tipo de ambición. Leer desde cero para quedar en cero, y siempre así.

domingo, 24 de mayo de 2015

Brillos

BRILLOS

Tras la lluvia nocturna, los de la luna o los de una farola sobre la calle empe­drada, espejuelos que a esa hora son diamantes para un corazón humilde y agradecido. En pleno verano, cuando vas en coche y luce un sol pleno, los re­verberos del asfalto sacuden tus ojos y casi crean una alucinación, pues el aire parece sacudir láminas metálicas. Y ya en el mar, cada puesta de sol, siem­pre señorial, solo el espejo oceánico sabe captarla devolviendo un brillo fastuoso. Y así seguiríamos, colec­cionando piedras preciosas tras todas las luces del mundo.

lunes, 18 de mayo de 2015

Hic et nunc

Ajustarme al hic et nunc es la ciencia exacta que busco todos los días.

El aquí y el ahora,
todo lo demás a la porra,
es mi jaculatoria.

Los versos no son sublimes, lo sé, pero son mi meta y mi defensa.

jueves, 14 de mayo de 2015

Mis ojos

Les pido a mis ojos que salten a la realidad y me la traigan toda, ahora que soy todavía más adentradizo.

Gracias a las inspiraciones y expiraciones, todo el día y todos los días, vivo.

martes, 12 de mayo de 2015

El maestro hortelano

Luis, mi hermano mayor, es el maestro hortelano de nuestra casa. Tomó el relevo de nuestra madre y la contenta con una huerta a la que, valga la redundancia, siempre contenta. Es infatigable y cuida las hortalizas y árboles con auténtico mimo y creo que con bastante acierto. Aquí remueve tierra y allí la saca, hace aquí un surco y aplana allí, planta y trasplanta, poda, esterca, abona, rodriga, cubre, alambra, acompañado por un movimiento del hombro que es su tic de toda la vida, casi chaplinesco. A veces es un poco termineitor y arranca alguna flor que él cree que estorba su labor pero que estaba allí porque nuestra madre quería que estuviese allí, con lo cual se gana la consiguiente reprimenda. Ahora, más le conviene, pregunta antes. Sobre “su” materia considera que los demás no tenemos ni idea, lo que en mi caso es totalmente cierto, y con cierto refunfuño y bronca, el de una persona tímida, a más de uno de mis hermanos y de una de mis hermanas se lo ha recordado. Nosotros, que ya lo conocemos, nos (son)reímos. En cualquier caso, ciertamente, es él el maestro hortelano.

domingo, 10 de mayo de 2015

Vértigos

Vértigos: el del tiempo, el de la finitud, el del mal, el de la imaginación, el del sufrimiento, el de la muerte. Hay que atravesarlos para medir los abismos de la vida, quedar en suspenso ante ellos apenas sostenidos por nada, ser vencidos acaso por su profundidad “inhumana”, perder definitivamente el pie y caer, para entonces ser recogidos por quien es el abismo de los abismos y el equilibrador de todos los vértigos.

(De De camino)

sábado, 2 de mayo de 2015

De un sueño

Dios se acuesta sobre sí, bebe
de su íntima paciencia,
calla, rezuma fuego,
aprende a esperar con ojos
infinitamente dilatados.
Es legendaria su entereza, su cólera
contenida en los límites
de un admirable sosiego.
El hombre le desvela,
le hace soñar quimeras de días
futuros, de días mejores
que han pasado
y que volverán.
A este deseo el ritmo claro
de su corazón se acoge,
y alguien más lo sabe, alguien
en la tierra,
embebida también su alma
de un sueño.