miércoles, 31 de julio de 2013

Nada de piedra, piedra de nada

El misterio se dice de muchas maneras. No significa lo mismo cuando hablamos del misterio de Dios que cuando hablamos del misterio del mal, el mysterium iniquitatis. Frente al primero, que es abierto, habitable, envolvente, acogedor, “penetrable”, como corresponde a la esencia del amor y del bien, el del mal es impenetrable en la medida en que lo es una roca: pertenece a la esencia del mal devenir pura nada, no ser, no vida, piedra muerta. Penetrarlo es romperlo, volverlo añicos, hacerlo saltar por los aires hasta su disipación total, algo que sólo logrará para todos el Viviente por antonomasia: Jesucristo. 

viernes, 26 de julio de 2013

Impura envidia

Como no somos puros, tampoco para el mal, la en teoría “pura envidia” que uno pueda sentir no será por tanto pura, sino, a Dios gracias, impura, tanto que le deje sitio a la admiración.

El envidioso bueno se entristece dos veces: la primera porque tal es el contenido de la envidia, entristecerse por el éxito del prójimo; la segunda, por sentir tan viciosa tristeza. La segunda lo redime de la primera.

jueves, 25 de julio de 2013

La tragedia de Santiago

Es desolador ver como la muerte te borra del mapa en un segundo. ¿En un segundo? ¿Pero es mensurable el tiempo del morir? La muerte es la parada del reloj de la vida. Se queda seco, sin habla.
La muerte que ha afectado a otros, a los que no conoces en absoluto, te afecta también a ti, debido a la cercanía del suceso. Si hubiese tenido lugar en París o en Shanghai no hubiéramos sentido que eran nuestros muertos. Uno siente lo que sienten nuestros próximos, nuestros cercanos, nuestros vecinos. Lo que sienten nuestros lejanos también, pero mucho menos, a veces un casi nada o una redonda nada. Lo global es un globo que se deshincha si uno no arraiga sus afectos en algún lugar, el que le vino dado o el que él se ha dado a sí mismo.

Desde Silleda, a media hora del lugar de la tragedia de Santiago.

Descansen en paz.

miércoles, 24 de julio de 2013

La palabra escrita

Cuando tiene lugar un diálogo en la sección de comentarios de la entrada de un blog uno se topa con una limitación irresoluble: la palabra escrita es sólo, y sola, palabra escrita, sin las ventajas de la palabra hablada. Ningún gesto la acompaña: el tono de la voz, la mirada, la expresión del rostro. Puede ocurrir entonces que una afirmación que suene afilada, incluso navajera, lo sea muy poco o no lo sea en absoluto en el ánimo del comentador. A rostro abierto, de viva y real voz, el otro “vería” la palabra total, de la que estaría ausente, por seguir con el ejemplo, el corte acerado. Una discrepancia firme y absoluta en un contexto polémico, en su modalidad escrita aparece tan desnuda de rostro y alma que parecerá agresiva, y más si uno no ha sabido tampoco esquivar cierta carga mordiente. Entre amigos, si la sangre llega al río, siempre la amansa el agua de la amistad.

martes, 23 de julio de 2013

lunes, 22 de julio de 2013

La mirada de José Bretón

La mirada de José Breton era cuando menos inquietante. Si pestañease, si se apreciase un mínimo movimiento en sus ojos lo sería mucho menos. Pero no, eran de una fijeza turbadora. Los abría además muchísimo, mas no revelaban nada del alma que los llevaba: tras ellos había encontrado un escondite perfecto.

jueves, 18 de julio de 2013

Coladita

Mi sobrina Martina, de cinco años, está coladita por A., de por lo menos quince. Con qué arrobo, sentada en la hierba, lo contemplaba mientras tocaba en la banda en el concierto del día de la música, el pasado 22 de junio. Al final, cuando subieron al estrado antiguos miembros de la banda y los niños y las niñas que se preparan para serlo en el futuro, entre ellas su hermana Sabela, a Martina debió parecerle que también ella podría subir. Sabedora no obstante de que lo amoroso no quita lo cortés, le pidió permiso a Rafa, el director de la banda. ¿Qué le diría? Él, educadamente, se lo denegó. Todo resultó gracioso y conmovedor.
Más tarde la vimos agarrada a la mano de A., que demuestra ser todo un caballero al no desairarla a las primeras de cambio. Todo esto sucedía “na carballeira das Pedrosas”, marco incomparable, que diría un relator convencional. Cuando llegó la hora de la cena, momento en el que había que separarse, Martina, pretextando amores toda compungida, no quiso hacerlo. “Mira, le dije, para cenar él tiene que estar con su familia y tú con la tuya. Además, si estás detrás de él todo el día puede cansarse de ti”. ¿Quién dijo que los niños no son razonables? La convencí.

miércoles, 17 de julio de 2013

Cerebrar

Contado por un papá.
-Pero vamos a ver, le dijo a su hija pequeña tras una trastada de ésta, ¿para qué tienes el cerebro en la cabeza?
-Para cerebrar mi cumpleaños.

Contado por una mamá.
Nos contó que su hija de pequeña ceceaba. Un día, tras llegar del colegio, le dijo:
-Mamá (con pucheritos y enfadada), los niños en la escuela se meten conmigo porque digo “zí”. ¡Y yo no digo “zí” sino que digo “zí”!
A su hijo le habían dicho, también en la escuela, que todos tenemos en la espalda un ángel de la guardia. Entonces va, se tira de espaldas y le dice a su madre:
-Mamá, ahora tenía que gritar y no gritó.

viernes, 12 de julio de 2013

Fuera de contexto

¿Qué porcentaje de males se evitaría cada día si ciertos textos no fuesen sacados de sus contextos? Se insertan los primeros en los segundos como arraigan las plantas en su tierra, los animales en su hábitat, los hombres en su cultura. Quien realiza tal maniobra les hace decir lo que él quiere que digan, cuando ellos, en su contexto, dicen en realidad otra cosa. Y no es que todo texto tengo que ser referido a la totalidad a la que pertenece para que signifique lo que quiere significar. Algunos son independientes, totales en sí mismos, pero otros no.

miércoles, 10 de julio de 2013

Entrar por el oído


Al primero no le entra por el oído. Al segundo le entra por un oído y le sale por el otro. Al tercero le entra por un oído, se queda un tiempo y le sale por el otro. Al cuarto le entra por el oído y se queda.

lunes, 8 de julio de 2013

Me gusta, no me gusta

Mi amiga S. está haciendo un curso de coaching y en él le pidieron que pidiera a varios amigos suyos que le dijesen tres cosas que le gustaban de ella y tres que no le gustaban. Esto es lo que yo escribí:

Me gusta su genio humorístico, puro chisporroteo verbal, gesto y palabra acompañándose, la expresión de la cara cuando es una payasa. A veces se convierte en una niñita y con vocecita angelical e infantil dice: “venga, porfi, porfi, quiero esto, quiero esto”, y junta los deditos y la boquita se le hace un morrito.

Me gusta mucho su gusto estético: su casa es un primor. Refleja su personalidad, exquisita, juguetona y florida en los usos de los objetos decorativos, en la distribución armónica de líneas y colores, en los bibelots que la identifican a ella y sólo a ella y que ninguna otra persona podría tener: las construcciones ingeniosas, los juguetitos articulables. Tiene una gran inteligencia visual. No en vano es aparejadora.

Me gusta la atención que presta, que presta no que da. Sólo los frívolos y los maleducados se desentienden de atender al otro. Sonia, que está muy lejos de ser frívola y malcriada, ofrecerá de entrada un “hola X., ¿qué tal? ¿cómo estás?” pronunciado con hermosa contundencia y que despeja el camino a lo que vendrá, atentamente, después.
 

No me gusta el modo alambicado con que a veces explica las cosas. “Es que pienso con imágenes y no con conceptos”, me dijo una vez, cosa que yo no entiendo muy bien qué significa aunque algo intuyo. No soy capaz de poner ningún ejemplo para fundamentar esto: si me inventase uno ahora no traduciría exactamente lo que acabo de decir, la ridiculizaría sin duda y parecería que soy yo el alambicado.

No me gusta la fobia que le tiene a las cucarachas: creo que es una debilidad o un miedo al que no quiere enfrentarse. Recuerdo una ocasión en la que, de noche, nos encontramos con algunas. Se asustó muchísimo y le parecieron gigantescas. No eran gigantescas, por supuesto: su fobia las sobredimensionaba. Estoy convencido de que lo podría superar si se pusiera a ello.

Tiene otro tipo de contundencia, que a mí me parece afilada aunque bien sé que no lo es y que no me gusta: que haya suprimido el “usted” por el “tú” cuando se dirige a una persona mayor y desconocida. Yo sé que su intención es buena y está bien asentada. Quiere abrir de entrada una cercanía con todos: “todos somos hijos de Dios”, me contestó un día cuando yo le recriminé su uso indiscriminado del tuteo. Tiene razón, pero a mí sigue sin gustarme que lo haga.

viernes, 5 de julio de 2013

El grupo de viento metal

A medida que avanzaba la sombra, el grupo de viento metal -cuatro trombones y una tuba- avanzaba también para escapar de ella y ponerse de nuevo al sol. Es lo que acababa de ver desde mi cuarto. A unos cincuenta metros de mi casa, al otro lado de la calle, está la Escuela de Música. De vez en cuando, una vez que llegan las temperaturas que le permiten a uno estar fuera, salen los distintos grupos orquestales a ensayar su parte, unos cuantos compases que repiten una y otra vez. Es agradable sentirlos.
Para nombrar los instrumentos gugleé “instrumentos de viento” y aparecieron. Con todo, para estar más seguro bajé a preguntarles los nombres. De nuevo en mi cuarto, aparté la cortina y vi que uno de ellos estaba ahora en el centro del semicírculo.

jueves, 4 de julio de 2013

miércoles, 3 de julio de 2013

Diálogo

Quien dialoga no vence ni es vencido. 

Decimos “tuve una charla o una conversación” y no “un diálogo”: sonaría raro, muy platónico, y nunca mejor. Parece que lo que quiere el diálogo son las grandes ideas, inmanejables si no hay logos, palabra entera y redonda razón, a través del dia. 

A un diálogo entre amigos no le viene mal de cuando en cuando un cosquilleo competitivo por ver quién es más brillante.

lunes, 1 de julio de 2013

A cuentagotas

El aforismo, que es una gota, yo lo quiero a cuentagotas. Por eso no me gustan los libros repletos de ellos. Interesado en Gómez Dávila, del que nada sabía, abrí un día un libro suyo en la librería “Follas Novas” de Santiago. Casi me da algo. Un fulgor te alumbra, mil fulgores te calcinan; una mosca es un ronroneo, mil moscas un trueno.