martes, 30 de abril de 2013

Bajoplano



No me parece apropiado calificar de altoplano la etapa de mi vida en la que ahora estoy -48 años-, porque en él sopla un viento fuerte que te empuja y te hace avanzar muy rápido, figura de un tiempo que seguiría pasando vertiginosamente. Se trata más bien de un bajoplano en el que el aire se mueve con lentitud: un tiempo, quién lo diría, de nuevo remansado, como el que vivimos cuando somos niños.

lunes, 29 de abril de 2013

Manías



Tras decirle que nunca más le cogería manía a nada ni a nadie, CB me respondió que las manías pueden alertarnos del desvío o equívoco de aquello que las despierta en nosotros. Pensé entonces en las últimas que había tenido y, en efecto, en ambos casos era, y es, para mí claro el error al que apuntaban: en un caso se trata de un proyecto político y en el otro de un sistema intelectual. Con todo no quiero que se encarnicen hasta el punto de que, convertidas en aversión intelectual, me dejen a las puertas de otro tipo de aversión nada recomendable.

jueves, 25 de abril de 2013

Ronda de amigas y amigos en Madrid



Mis idas a Madrid, con el interludio de mi cita con el médico, recorren el itinerario en el que me encuentro con mis cuatro íntimas amistades matritenses, si bien sólo en una ocasión completé el recorrido. Todo depende del tiempo de mi estadía y de lo que las circunstancias permitan. Llego siempre por la mañana, en torno a las 11, y mi primera etapa siempre es Alfonso, el único que está libre en tales horas. Parloteamos en su casa, salimos a tomar una cerveza con tapa que nos abra el apetito y finalmente comemos. En esta ocasión lo hicimos en un restaurante de la cadena Foster Hollywood: comida americana de la buena. ¡Qué costillas las de Alfonso y qué solomillo el mío! ¡Qué ensalada de primer plato! Aquí, la mostaza y el kétchup son de calidad, nada que ver con los que sirven en los macdonalds y demás. La sobremesa se la lleva mi cita médica, en la que pongo al día a mi querido Don Francisco de, en este caso, mis buenaventuras, cosa que viene ocurriendo desde hace más de dos años: nos felicitamos por ello. Después, como en otras ocasiones, quedé con CB en el café Comercial. Llegué con 45 minutos de antelación, lo que me permitió hundirme hasta que mi cabeza pudo apoyarse en la cima del asiento y echar una siestecita. Puntual, Cristina me encontró apenas salido del sueño, que aventé enseguida para la inmersión profunda que son siempre nuestras conversaciones: tres horas estuvimos dándole una vez sí y otra también a la vida, nuestras vidas. Si la comida en Estados Unidos, la cena en México, al otro lado de la frontera: salsa guacamole, salsa taquera y fajitas de ternera. Eran las once de la noche cuando, tras los besos, me subí al taxi que me llevaría a casa de S. y E., ya empijamadas, y muertas como yo de sueño. Algo nos espabilamos para, además del saludo, charlar un rato. A S. y a E. les debía desde hace años un día entero: tal sería el sábado 9 de abril.

Por la mañana, en el desayuno me comí la mitad de una vica que se habían comprado en Ourense: S. me miraba resignadamente. Son riquísimas, y aun lo son más empapadas de café con leche. Duchados, vestidos y muy guapos allá que nos fuimos por la soterrada M-30, cosa que me debía S., y en la que nos explicó que la gigantesca perforadora, a medida que había ido horadando la tierra, había ido clavando al mismo tiempo las dovelas de las paredes. Allá que nos fuimos, decía, al encuentro con Jeru y Maica, amigos de S. desde sus primeros años en Madrid. Tras un largo tiempo sin verlos, me los encuentro con dos criaturas, sus hijos: D., de dos años, y “no me acuerdo”, de 6. Antes de que llegaran nos habíamos asomado a Madrid-Río, el gran proyecto “parisino” del ex alcalde Ruiz Gallardón: un cauce inmenso, en el que hay paseos para peatones, para ciclistas, ondulaciones y laguitos, espacios de recreo para los niños, todo hermosamente dispuesto. En los últimos, S. y yo nos armamos de valor y nos tiramos por un tobogán cilíndrico con una pendiente que te lanzaría a varios metros de distancia si no tuviera una pista final de frenado bastante efectiva. Pero ésta, para los más renacuajos y ligeros de peso, como D., de nada sirve por lo que salen disparados: los papas y las mamás, tras calcular las posibles trayectorias del hijo-cohete, se ponen en posición de pillarlo al vuelo. No vi a ninguno pasando de largo por encima de las cabezas de sus protectores para arribar en Dios sabe qué plantel de flores, en el mejor de los casos. Comida y conversación ricas: paella, son unos guarros los que mean cuando se duchan, emperador (pez espada), los mejores acuerdos de una pareja son los tácitos, milanesa, en el fútbol hay un vencedor y un perdedor y en política no debiera haberlos pero en España ocurre que sí y así nos va, fresas con yogur, las mujeres quieren la limpieza en grado 10 y los hombres nos conformamos con un grado 8 o incluso menos, fresas con leche, ¿por qué hay que ducharse todos los días? ¿no vale cada dos? al fin y al cabo no somos mineros ni albañiles, “no me acuerdo” se duerme en el regazo de su papá, a ver S. colócate que te voy a hacer una foto para que Lucía vea que te has puesto el broche que te ha regalado... y de repente noticia en el guasap: H., amiga de los presentes, ha dado a luz con antelación y al pequeñín lo han puesto en una incubadora. Pero todo ha ido bien y están todos muy contentos. Por esta razón S. no pudo venir con E. y conmigo a ver Antología, un espectáculo flamenco en el Florida Park del Parque del Retiro, dado que H., la venturosa madre, la llama para que le lleve un sacaleches. ¿Qué hacemos con su entrada? Para J.M., al que no conozco y con el que habían quedado para tomar un café. Qué tipo más estupendo y qué estupenda la amistad que creo va a haber entre nosotros.

El circuito se habría completado de haber estado Matilde en Madrid, a la que vería al lado de CB, tras haberlas presentado y cumplir así un deseo acariciado desde hace tiempo. Será, eso espero, en otra futura ronda matritense.

lunes, 15 de abril de 2013

El fracaso de la inteligencia



En mis últimas lecturas la indocta ignorancia, el tópico falseador, el prejuicio que se resiste al juicio que lo contradice, la desidia para aventar las mentiras, han sido temas recurrentes. En No siempre lo peor es cierto, de la historiadora Carmen Iglesias, en Tantos tontos tópicos, de Aurelio Arteta, en Los “Tiempos Recios” del Arzobispo Carranza. Monarquía-Papado I. Carlos V y Felipe II, “Columnas de la Iglesia”, de mi añorado José Ignacio Tellechea Idígoras, en Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina, traído por un tema o por otro, al hilo de cuestiones distintas, el afán de no saber, la voluntad de no ver, el poder imponiéndose a la verdad, el “siempre ha sido así y así seguirá siendo”, el nacionalismo practicando su acostumbrado victimismo frentista, la ideología venciendo a la idea, el tópico resistiéndose a ser corregido por lo ectópico, la discrepancia vista siempre como ataque, el sentido común apareciendo como el menos común de los sentidos, la pertinacia en la insensatez, en suma, como diría José Antonio Marina, el fracaso de la inteligencia, me ha salido al paso una y otra vez.