jueves, 28 de febrero de 2013

Los corresponsales



Soy un admirador incondicional de los corresponsales de televisión. Se me quedan grabados en la retina y me vinculo a ellos como a embajadores propios. Me pregunto cómo harán con sus hijos cuando los trasladan a otro país, y también con su pareja claro; qué cosas les disgustarán de su profesión; si tendrá RTVE una residencia de su propiedad en cada corresponsalía, que sería la casa que ocuparían todos los corresponsales que por ella pasasen: ¿la adornarán a su manera y después se llevarán sus ornatos, o no pondrán ni quitarán nada para que la casa no sufra por culpa de los muchos trasiegos, según las órdenes de Madrid?; los de televisión, ¿conocerán a los de Radio Nacional?, ¿vivirán en el mismo edificio?, ¿harán algún trabajo en común?, ¿quedarán de vez en cuando para ir al cine o salir de copas, en Moscú, en Roma, en Bogotá?
Sabía que Gemma García, hasta hace nada corresponsal en Nueva York, terminaba su estadía en esta ciudad el 31 de diciembre de 2012. Pero lo que no sabía es que se venía a Rabat. ¡Menuda sorpresa me llevé cuando la vi a ella y no a Antonio Parreño! Antonio, por cierto, volvió a España; hace unos días lo he visto informando en nuestro país. Y si mal no recuerdo, G. G. había sido corresponsal también en Roma. Aquí ha vuelto -¿habrá estado de baja por enfermedad, disfrutando una excedencia o vete tú a saber?- Marisa Rodríguez Palop. Qué alegría me llevé; la echaba de menos, la verdad. Antes se había encargado de informar sobre el ex presidente Aznar cuando era el presidente Aznar: dónde iba él iba ella. Durante su ausencia en Roma se ocupó de la corresponsalía Sylvia Fernández de Bobadilla. Y hay que rebobinar hasta Gemma García, pues su vacante en Nueva York la ocupó Almudena Ariza. ¡Qué gran periodista! Hace años presentó durante algún tiempo el informativo de las nueve de la noche; después la vimos en muchos frentes nacionales e internacionales, una reportera global, como casi todos sus compañeras y compañeros por cierto. Almudena venía de Pekín. Qué olfato periodístico el suyo, qué agilidad verbal ante la cámara, qué buen hacer en sus desplazamientos a Australia, a Filipinas, a Corea del Sur y del Norte, a Japón. Y es que quien se va a Pekín informa sobre toda Asia oriental. Esta gente tiene que ser muy rápida haciendo y deshaciendo maletas porque de un día para otro, pues los acontecimientos no avisan, recibes una llamada de Madrid que te dice: Almudena, inundaciones en Australia, te toca. Supongo que tienen un maletín permanente con los útiles indispensables de indumentaria, higiene y maquillaje para salir pitando. Y a lo mejor, cuando la ves -seguimos con A. A.- con sus botas de agua metida en plena corriente invasora, no hace sino dos horas que acaba de aterrizar. Por cierto, donde hay un corresponsal hay un cámara. ¿Los moverán también mucho a ellos? ¿Compartirán residencia con su colega? ¿Y si no hay filin? ¿Y si lo hay demasiado? Pues nada, la vida misma, surge un problema y se resuelve: “mira, es que me llevo a matar con Y, así que renunció. X, tranquilízate ya buscaremos una solución, etc, etc, etc.”
La mariscala de los corresponsales es Rosa Mª Calaf. Mi memoria recuerda este itinerario: Nueva York, Buenos Aires, Viena (¿Viena?), Moscú y finalmente Pekín, o mejor, el este de Asia. Voy a guglearla para ver en qué me he equivocado. Lo de Viena es cierto: ¡bien! Me faltó Roma y el Vaticano: algo me olía. Y es, efectivamente, “la más veterana y con más experiencia de los corresponsales de TVE”. Una auténtica trotamundos con un montón de premios. En el programa Juego de espejos, de Radio Clásica, su director, Luis Suñén, el 14 de febrero de 2010 le preguntó: “Rosa, ¿hay una vocación de estar fuera, de vivir fuera?” “Sí, sinceramente sí, dice la Calaf, no tanto de vivir. A mí hay una frase de Hemingway que me gusta mucho y que utilizo a veces: ‘mi casa no es para vivir sino para volver’. Yo creo que encajo en esto, porque para volver claramente voy a volver aquí, pero vivir me gusta vivir fuera. Desde muy pequeña he tenido la fortuna de poder viajar; procedo de una familia viajera. Mi abuelo materno en 1890 y pico ya fue a la India. Siempre me contaba historias que eran de personas reales, no cuentos. Yo creo que eso me ha marcado mucho. El estar fuera y el conocer y aprender continuamente es algo que siempre me ha resultado muy atractivo”.
Esto les pasará un poco a todos, querer estar fuera, conocer, aprender, y por eso están donde están, repartidos por todo el planeta, informando, siempre informando, al hilo de las noticias, de la vida.

martes, 26 de febrero de 2013

La echadora de cartas



Una de las historias que se cuentan en la película Cosas que diría con  sólo mirarla, de Rodrigo García, presenta el encuentro entre la echadora de cartas Christine Taylor (Calista Flockhart) y la doctora Elaine Keener (Glenn Close). La primera, una vez que ha puesto sobre la mesa las cartas escogidas por la segunda, comienza su relato: 

“No es usted feliz. Se le da bien fingir que todo va bien en su vida. Da mucha impresión de seguridad y confianza en sí misma. Pero no está satisfecha. No se conoce bien a sí misma. Es muy nerviosa e inestable. Es muy buena fingiendo. Ha estado casada pero ahora está divorciada o separada. Le gusta dar la impresión de que es feliz sola, pero le mortifica que su matrimonio fallara; cree que fue culpa suya que fracasara, y puede que así fuera. Ese remordimiento le ha causado muchísimo dolor. No tiene amigos de toda la vida. Los amigos que tiene los hizo de casada. Y no son muy íntimos. Eran más amigos de su marido. Algunos quisieron acercársele, pero la encontraron inaccesible o muy distante. Es usted muy reservada y no confía mucho en la gente. Y cuando confía, luego lo lamenta o se arrepiente. Piensa que, tarde o temprano, todos la decepcionan. Puede ser firme y práctica, sobre todo en las crisis. Pero creo que siempre teme que ocurra la tragedia y le dan mucho miedo los cambios. Ha conocido a un hombre en el trabajo. O tal vez relacionado con el trabajo, que le atrae mucho. Hasta puede que esté obsesionada con él. Pero no me parece cariñoso y no es fácil intimar con él. Debe tener cuidado con los malentendidos, porque tiene usted tendencia a ilusionarse con mucha facilidad, y después se avergüenza o se deprime si las cosas no salen como usted esperaba. Es usted una soñadora. Y debe tener cuidado porque tiene mucha tendencia a llevar siempre las de perder. Parece empeñada en encontrar un hombre. Alguien en quien poder confiar. Alguien con quien compartir la vida. Y hay un hombre que se va a interesar por usted.
-¿El hombre que dijo antes? ¿El del trabajo?
No, es alguien que aún no conoce. Un hombre más joven.
-El del trabajo es más joven que yo. Un par de años. Es alto, de piel clara, con ojos castaños.
No.
-¿Seguro que no es uno que ya conozco?
Éste es nuevo”.


Cuando Christine Taylor ya se ha despedido y está fuera, a escasos dos metros de la puerta, se da la vuelta y le dice a la doctora Keener: “Oiga doctora, nada de eso está escrito. Es lo que han dicho hoy sus cartas pero lo que suceda depende de usted”. Magistral. Justo quien aparentemente la ha atado a un destino la desliga al mismo tiempo de él, emplazándola en su libertad. ¡Qué honesta, qué sabia, en absoluto farsante echadora de cartas!