jueves, 29 de septiembre de 2011

La boticaria


En mis caminatas se suceden las audiciones de cuentos y más cuentos. Una escena del primero que escuché, La boticaria, de Chejov, corto, sencillo, aparentemente trivial, me ronda muchas veces. Ella, la boticaria, contempla desde su habitación con infinita tristeza cómo se alejan los dos militares que poco antes habían estado en la botica, situada en la parte de abajo de la casa, y en la que uno de ellos, al haber dejado entrever cierto interés por ella, la había rescatado de su rutinaria y aburrida vida, llevada en compañía de un marido simplón y roncador. Pero qué poco duró. A través de la ventana, mientras sus anhelos la consumen, los ve marcharse hasta que desaparecen en la noche.

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