domingo, 31 de enero de 2010

Con vuestro cuerpo

“Glorificad, por tanto, a Dios con vuestro cuerpo” (1 Cor 6, 20).
Lo hace el bailarín, Señor, al ajustar el movimiento de su cuerpo al ritmo de la música, siguiendo el dibujo de una coreografía.
Lo hace el gimnasta, cuando emprende una veloz carrera para adquirir la fuerza que le permita elevarse en el aire y trazar un doble mortal hacia adelante.
Lo hace el trapecista, allá arriba, al soltar el trapecio y volar dando un giro hacia las manos de su compañero.
Lo hace el corredor de 100 metros, en pura tensión muscular y sanguínea, con ánimo de lograr la mayor velocidad posible.
Lo hace el saltador de altura, el cual, tras una carrerilla, se eleva hasta una altura superior a los dos metros, arquea su espalda sobre el listón, lo sobrepasa y cae feliz en la colchoneta.
Lo hace el nadador que corta las aguas con sus brazos y avanza sobre la superficie del mar, delfín él también.
Lo hace quien agujerea ese mismo mar como una lanza, después de haberse lanzado desde lo alto de un acantilado y ornar su caída con un triple mortal escarpado.
Lo hace la gimnasta rítmica con el aro, uno con ella en pura simbiosis, redondo él y redonda ella, tanta es su elasticidad.
Lo hacemos, Señor, cada vez que, mostrando agilidad, elasticidad, ritmo, belleza, fuerza, soltura, armonía, nuestro cuerpo, en un ya pero todavía no, va aprendiendo a ser lo que un día será en plenitud: un cuerpo glorioso.

jueves, 28 de enero de 2010

Carga y cruz

Cuando conviertes algo en cruz, cuando lo “crucificas”, cuando lo clavas sobre los dos maderos y así lo etiquetas como “carga”, y no como carga cualquiera sino como carga “crística”, la que Jesús nos invitó a llevar sobre nuestros hombres para con ella seguirlo, entonces algo, o tal vez mucho, se alivia en ti: no soportas ya simplemente un conjunto de dificultades, problemas, dolores, sin nombre, sin adjetivo, sin calificación, sino algo resumido, juntado, reunido, unificado en cruz, algo por tanto que se configura a imagen de la propia carga y peso de Jesús. Visto así, la cosa cambia, y mucho. El peso “desordenado” (desgobernado) pasa a ser peso “ordenado” (gobernado) a imagen y semejanza del yugo manso y entrañable de Jesús. Pesará, dolerá, nos hará llorar, desesperar…, sí, pero algo, o tal vez mucho, habrá cambiado.

jueves, 21 de enero de 2010

Hoy

De la plenitud del presente quisiera vivir. Ser  alpinista para medir su altura, espeleólogo para tocar su profundidad, enredarme tanto en su trama que nadie pudiese separarme de ella. Quedar calcado en él como los líquenes en las rocas, usufructuario a tiempo completo, un tiempo que es sólo el suyo, el de los hoy de todos mis días.

miércoles, 20 de enero de 2010

Máximo, mínimo

La observación decente, juiciosa, se pirra por los detalles, los avizora con delectación, se desvive y muere por ellos. No podría ser de otra manera, porque, si no se desciende hasta lo mínimo, perdería lo máximo todo su sentido, y viceversa claro: si no se ascendiese a lo máximo sería lo mínimo quien acabaría perdiendo igualmente su rango. Así, queriéndose simétrica, convive esta pareja en tensa y fructífera unión.

martes, 19 de enero de 2010

El envés

“¿Quién sabe del envés de cada hora?”, se pregunta Juan Ramón Jiménez. ¿Quién sabe del envés de las horas terribles, las del horror en Haití? ¿Qué intérprete divino lo columbrará y nos dará las palabras necesarias? Pero acaso no nos diese sino silencios, preñados de misterio y sentido, donde quedase claro que no puede el horror tener la última palabra, tampoco el último silencio.

miércoles, 13 de enero de 2010

¡Ar!

La convicción con que la vida planta su “¡ole!” diezma las pesadumbres, los conjuros tristes, las visiones aciagas. En torno a su tienda  todo reverdece, sobre todo los huesos, por encima de todo los huesos, que desde la visión de Ezequiel se siguen levantando a la voz de “¡ar!” que ella les lanza.

martes, 12 de enero de 2010

Recurrencias: piensa bien y rezarás

"La oración es otra manera de pensar limpia y rectamente. Cuando reces, piensa. Piensa bien lo que dices. Convierte tus pensamientos en cosas sólidas, de ese modo tus oraciones tendrán fuerza. Y esa fuerza formará parte de ti, de tu cuerpo, de tu mente y espíritu".
(Del guión de la película Qué verde era mi valle, de John Ford)

”Mis palabras vuelan a lo alto, mis pensamientos se quedan abajo: las palabras sin pensamientos nunca van al cielo”.
(William Shakespeare, Hamlet)

sábado, 9 de enero de 2010

miércoles, 6 de enero de 2010

Sonrisas

Como los girasoles ante el sol, así me quedo yo ante las sonrisas. Las que me saludan como bandera de vida y de salvación, las que me llegan como regueros de sangre y animan mi corazón cansado, ¡con qué gozo las canto!

lunes, 4 de enero de 2010

Era, será

El pasado apalabra el futuro y sólo así se trenza la vida. Porque tengo un “era” habrá para mí un “será”. Del uno al otro, constituyendo y atravesando el hoy, va la flecha de la vida, trazando para cada uno su ritmo propio.