jueves, 31 de diciembre de 2009

Sin hojas

La carne inverniza, sin hojas que opongan resistencia, deja que el Espíritu la atraviese. Purísima carne entonces, cuya desnudez ya sólo puede vestirla Dios.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El tiempo

El tiempo se cansa de correr y busca un escondite en los corazones de la gente. Quiere aquietarse, amansarse un poco. ¿Sabremos darle ese cobijo? ¿Será nuestro corazón ese vivaque de hondas y lentas palpitaciones que al tiempo calmen? Bastará con que estemos de verdad donde estamos, que seamos de verdad lo que somos.

martes, 22 de diciembre de 2009

Destino

Los que echan mano del “destino” para dar cuenta del porqué de determinados hechos, sobre todo de los especialmente luctuosos, lo hacen porque no aceptan que tales acontecimientos queden al abrigo del mero azar, como desgobernados, sin nada ni nadie que lo justifique. Quieren procurarles un sentido para, de algún modo, poder encajarlos. Los sucesos dichosos encajan por sí solos, no necesitan ayuda metafísica ni religiosa de ningún tipo, a no ser para apuntalarlos y otorgarles profundidad y perennidad. Su dicha es ya su sentido y no hay más vueltas que darle. ¡A gozarlos pues! Pero, ¡ay!, los que nos desgarran, esos no traen consigo sentido sino sinsentido, y entonces elevan la pregunta: ¿por qué?
Mala respuesta, y fácil, es apelar a ese improbable “destino”. ¿Y quién sería el “destinador”, quién nos robaría el guión de nuestras vidas atándonos a uno previamente escrito, y con tan dolientes capítulos? No, no puede ser ésta la respuesta. Tampoco lo es el azar, que nos lleva a peores callejones sin salida. La única posible es el misterio, el que subyace a todo lo que nos ocurre, también y especialmente a lo difícilmente encajable, a lo que nos duele hasta la exasperación. El misterio, sí, ámbito de luz y de sentido, donde ni el azar ni el determinismo tienen cabida, y sí un camino amparado por Alguien, donador y guardián de libertad.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Ojos

Rescatemos ojos, los de Juliette Binoche, los de Paul Newman, los de Ana Torrent, los de Montgomery Clift, los de Susan Sarandon, y construyamos con ellos un susurro de miradas, de saltos de vista, de pozos de visión. Que sean canicas de un juego maravilloso, pupilas rodantes que nos descubran rincones de excepción.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

La tristeza

La tristeza huye de las bambalinas, los escenarios, los púlpitos, y se refugia en los claros del bosque, donde, extraño musgo, busca el sol.

martes, 15 de diciembre de 2009

Desvelados

Sólo desvelados es posible el diálogo, la cópula, el amor. Si no nos mostramos vamos al inframundo, donde las arañas despliegan su tela sobre nuestros rostros.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Me urge

Me urge ser palabra en muchos momentos y entonces se agolpa en la boca y quiere salir, toda ufana, aunque después, en la pantalla, sea no más que viruta que se borra. Pero esa urgencia, ese agolpamiento, bulle con tanta felicidad, de saludo y de parto, que hábiles se quieren en seguida los dedos sobre el teclado para expulsar fuera lo que no aguanta un segundo más dentro.

lunes, 7 de diciembre de 2009

¡Chis!

¡Chis!, alejad vuestras voces, que descansen los ojos del hombre. Dura es su vigilia. Que sea más firme su noche.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Venid

Venid, mi regazo os espera, escondeos en él. Sobre vuestros lomos pasearán mis manos, felices de encontrar pieles tan mullidas, cuerpos tan cálidos.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Exacto

El adjetivo “exacto” que en varias ocasiones le sirve a José Miguel Ibáñez Langlois en su Libro de la Pasión para definir la, por decirlo así, posición de determinados actos y actores en la pasión de Jesús de Nazaret, su lugar medido y como ajustado a una planilla eterna que Dios tiene de su mano, me llevó enseguida a la reflexión que despliega Hans Urs von Balthasar en sus siete tomos de Gloria. Una estética teológica. Y es que la belleza, nos viene a decir el gran teólogo, es siempre una suma de justeza y reverberación, de forma y esplendor, de exactitud y resonancia, de número e infinitud, y esto lo rastrea él, genialmente, y en clave teológica, a través de la historia en la obra de distintos autores. Es un tema que me apasiona, y por eso pegaba un brinco feliz cada vez que Langlois hacía comparecer un “exacto” en su bello poemario, pues algo tiene que ver con ese universo de ideas que me es tan caro del gigante Balthasar.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Los amantes

Se buscan los amantes
como pajarillos fríos,
para darse contento
y entrar en amor.

Inflexiones en la voz para decir te amo, caída de párpados para decir te amo, temblor de labios para decir te amo, cosquilleo en la nariz para decir te amo, vuelo de pestañas para decir te amo, rojez en los lóbulos para decir te amo. El rostro, todos a una, para decírtelo, oh mi amor.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Así brotas

Tu sonrisa te manifiesta y nos dice quién eres. En torno a ella, todo el rostro se mancomuna, sobre todo tus ojos, que echan chispas. Y así brotas, tú mismo, franqueándote en ella, sello siempre abierto, que no se premedita y se lanza al ruedo instantáneo de la vida.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Lo blanco

La paloma callada, sólo lo blanco, el papel, ojalá mi alma también. La lava de palabras no llega sin embargo. ¡Oh, Dios mío, que un aluvión me cubra y encarrile mis manos por el sendero de la gratitud!

martes, 1 de diciembre de 2009

Los nombres

Estos días, en el trabajo, me ha tocado ver las actas de las promociones del bachillerato de finales de los sesenta del pasado siglo, y enseguida reparé en algo muy común en aquellos años: la uniformidad onomástica. Quien no se llamaba María se llamaba Carmen y quien no se llamaba Manuel se llamaba José, por abrumadora mayoría. Está claro que no existía el prurito de la diferenciación. Pasan los años, pasamos las actas, y venimos a tiempos más recientes, donde uno repara en lo contrario. No sólo se abre al abanico onomástico, sino que se buscan nombres que suenen a nuevo, a veces hasta extremos delirantes, de modo que uno pueda decir de su vastaguito “sólo el mío se llama así” o, cuando menos, “son muy pocos los que se llaman así”. ¿Se rastrea aquí el paso de una sociedad más o menos cerrada y muy sometida a un común rasero, a una sociedad abierta en donde el individuo busca afinarse como diferente?

lunes, 30 de noviembre de 2009

Te amo

¿Bastará con que yo, callado, siga oyéndome decir “te amo”, “te amo”, “te amo”, para que algo llegue hasta ti, una esquirla?

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mero y simple

Querer ser Atlas más que atlante, sostener todo el mundo más que un magro trozo suyo, no deponerse como salvamundos para ser mero y simple hombre. Curiosa tentación.

sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Me hablarás?

El espejo mágico no le decía nada, la bola mágica no le decía nada, las cartas del Tarot no le decían nada, el horóscopo no le decía nada, las rayas de la mano no le decían nada, las borras del café no le decían nada, las vísceras del ave no le decían nada.
Y tú, Dios, ¿me hablarás?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Ojos satélites

Intentaba que sus ojos se saliesen de sus órbitas y se convirtiesen en ojos satélites. Pero en vano. Nunca sabría verse a sí mismo desde fuera.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Te ruego

Cuanto más me llagas más me cubres de silencio. Quisiera decirte toda pero no puedo. De ferviente deseo me llenas pero no de mañas para cumplirlo. Te burlas, paseándote desnuda sin saber yo qué hacer para vestirte. Este servidor tuyo, afónico por mor de tu ausencia, te ruega que te quedes, palabra.

martes, 24 de noviembre de 2009

El viento

El viento y sus noticias frescas, las que trae aquí desde el otro lado del mundo, mensajero feliz en múltiples horas. A veces son el apunte de rostros desconocidos, aquéllos sobre los que se recostó y de los que extrajo una máscara, más bella cuanto más sutil. Lo sentimos también sobre el nuestro, culebreando sobre la nariz, resbalando por las mejillas, arremolinándose en los ojos, besando los labios, disparándose en el mentón. Suya nuestra cara en todos los senos del aire, para dejarlo allá, muy lejos, donde otros hombres esperan.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Cada palabra

Que cada palabra recoja la vida entera para que pueda dispensarla a manos llenas. Que no flirtee con la muerte y haga acopio de fuerzas, que se yerga victoriosa y ponga una corona de laurel sobre los vencidos. Que agote el ir para que, al volver, lo traiga todo. Que, de tan mía, no pueda ser sino tuya. Que sea.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ponyo

Sólo muy de cuando en cuando me acuerdo de mis sueños, y todavía es más raro que tengan un dibujo claro, con líneas y colores nítidos. Ponyo en el acantilado, la película animada de Hayao Miyazaki, me facilitó uno de ellos. Estoy seguro de que sus imágenes acuáticas y subacuáticas fueron la causa de que por la noche me fuese dado acceder sin borrón ni nubosidad alguna a un gran espacio rectangular, una especie de inmenso pasillo done se mezclaban el agua y el éter, para flotar y moverme por él apenas sujeto por ninguna gravedad. Desprendido de mi peso, me paseaba a mis anchas, mitad pez, mitad ave, por tan maravilloso elemento.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Conformarse

Conformarse, darse forma a sí mismo con el cincel de la humildad, de modo que quede excluido todo lo que no sea la verdad de la propia vida, de ser mejor, de ser más, de ser uno mismo sin ningún tipo de resentimiento.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Atlante

En cada hora ser atlante, sosteniendo la parte de mundo que nos corresponda, sabiendo que así no aplastará a quienes no tengan fuerza para hacerlo. Acceder a ser relevados cuando seamos nosotros los débiles que podrían ser abatidos por ese oneroso mundo, dejando nuestra suerte en manos de los que acepten cargar con él. Hermosa carrera de relevos, donde el testigo es siempre ese mundo que pasamos a otro cuando nosotros ya no podemos más.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Esos ojos

Esos ojos nuestros, ¡ay!, siempre entornados, incluso cuando extravertidos miran golosos los afueras, por su incesante cavilación, por su no poder abandonarse y levantar anclas de su ser interior para echarlas del todo en el mundo. Pero, ¿ha de esperarse otra cosa de los ojos de un hombre, que no es ni está sino desde sus adentros, desde sus mismidades, desde sus entrañas, hombre sólo en tanto que hombre interior, hombre entornado, hombre para sí y sólo por eso hombre en si?

martes, 17 de noviembre de 2009

-se

La bendita gana de ser en las palabras más allá de uno mismo, inventándose siempre, versionándose siempre, afirmando ese “-se” tras verbos múltiples que pongan en pie de paz la realidad más propia. Ser, serse, en la narración.

lunes, 16 de noviembre de 2009

El espejo

Fantaseaba con la idea de que hubiese un espejo que le devolviese una versión renovada de sí mismo, un mejor yo, que se saldría fuera y sustituiría al original. Tal cosa sólo podría ocurrir en ocasiones excepcionales, cuando el espejo no soportase reflejar un yo muy gastado y miserable y se viera en la obligación de remontarlo instaurando uno nuevo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Ver viéndose...

Ese ojo que mira pero que en realidad se mira; ese oído que oye pero que en realidad se oye; ese tacto que palpa pero que en realidad se palpa; ese gusto que saborea pero que en realidad se saborea; ese olfato que huele pero que en realidad se huele…
Ese ojo que se mira pero que en realidad mira; ese oído que se oye pero que en realidad oye; ese tacto que se palpa pero que en realidad palpa; ese gusto que se saborea pero que en realidad saborea; ese olfato que se huele pero que en realidad huele…

sábado, 14 de noviembre de 2009

Rotundo ser

Su rotundo ser emergía, en medio de la podredumbre y de la muerte, como faro salvador. No necesitaba pronunciar ninguna palabra. Le bastaba estar para que de su carne brotase siempre un sí, una afirmación que hacía imposible cualquier mal. En torno suyo se volvía el miedo el colmo de la insensatez y la confianza más fácil que respirar. Grandes espacios se abrían donde quiera que estuviese, y a ellos acudían los necesitados de bendición.

viernes, 13 de noviembre de 2009

He aquí el hombre

El hombre se individua, afila su perfil hasta la más intensa concreción, se hace esta nariz, y no otra, estas pestañas, y no otras, esta frente, y no otra, estos labios, y no otros, esta mandíbula, y no otra, y así con todo. Desdeña toda abstracción, todo falso universalismo, de modo que sólo el novelista, el poeta, el pintor, el fotógrafo, el cineasta sabrán decirnos: ¡He aquí el hombre!

jueves, 12 de noviembre de 2009

Hacerse río

¡Qué hermoso hacerse río en la letra, cabalgándola y dejándose llevar por ella, y no para morir con él sino para ser mar en la letra, océano en ella, corriente cálida y fría, profundidad abisal y ola respingona!

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Él, ella

Se los encontraba siempre a la hora de su llegada al trabajo, cuando cruzaba la principal avenida del pueblo.
Él, una sonrisa amplia de oreja a oreja, indesmayable, infantil, simplicísima. Bien podría desaparecer en ella y quedar convertido en dos líneas de dientes, como el gato de Alicia, sin que nadie echase en falta el resto de su cuerpo. La expresión de su cara aireaba un techo mental un poco por debajo de la línea de la normalidad. ¿Sería acaso un border line? Sería.
Sumamente elegante ella, percha siempre de las mejores prendas, nutridas por un armario al parecer inagotable, y un pelo arreglado para hacerla veinte centímetros más alta, verdadera torre sobre la cabeza, simétrica a la que crecía bajo sus pies en forma de tacones. Estaba claro que, por ambos extremos, ella se alargaba.

martes, 10 de noviembre de 2009

Alumbrar

Me alumbras: me das a luz y me das luz, me traes a la vida y me mantienes en ella. No me alumbrarías del todo si haciendo lo primero no hicieses lo segundo. Hermoso verbo, que vivifica dos pájaros de un tiro (de luz).

lunes, 9 de noviembre de 2009

Se ha ido

Se ha ido, ya no está, decimos del muerto. La imagen del viaje proclama una ausencia, no una aniquilación. Dice que no está, no que no sea. Al ateo que se sirva de esta fórmula el lenguaje lo traiciona, porque el que se va se va a algún lado para estar y ser en él. En buena lógica, los negadores de un cielo y tierra nuevos más allá de la muerte debieran añadir, remachando, “ya no es”. Pero está bien que el lenguaje nos lleve la contraria para poner esperanza allí donde nosotros la negamos.

sábado, 7 de noviembre de 2009

La noche

La noche mengua los defectos, los duros perfiles. Acrecido bajo las luces de las lámparas de mesa, regresa lo bueno, no se siente expulsado, habita en los corazones. De casa en casa, a través de las ventanas con postigos todavía sin echar, corre el fluido eléctrico hermanando a sus moradores, mensaje que la noche no confunde, al contrario, ella lo porta mejor que nadie. De noche, siempre de noche, para salvarse de la realidad diurna, tan cruda.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Recuerdos

Pienso en mi infancia y el primer recuerdo es un salto, el que yo y algunos amigos teníamos que dar para sortear el obstáculo que había a la altura de la cocina, por la parte de atrás del Colegio Mª Inmaculada, donde estudiábamos. Era una trastada nocturna, con la que pretendíamos asustar a quienes estaban con los fogones, o al menos dejar un rastro relampagueante que les hiciera alzar la mirada y sobresaltarse al ver que alguien pasaba rápida y fugazmente. Si detengo en foto fija mi recuerdo, me veo a mi mismo en pleno salto, quieto en el aire, mirando hacia el interior de la cocina, con una sonrisa olímpica y aspecto de trasgo lince.
El salto a la cuerda es también otro recuerdo preferido de mi infancia y adolescencia. Yo salía vencedor en muchas ocasiones, en competición a veces muy apretada, sobre todo al final cuando, quedando ya sólo dos saltadores, giraba la cuerda muy rápido. Había que ser velocísimo para salir de la cuerda, dar la vuelta en torno al cuerdista, y volver a entrar en ella. Me parece estar oyendo hoy su golpe contra el suelo, su zumbido en el aire, su giro vertiginoso. Y otra vez aquí me veo lince y gimnasta como ya nunca volví a serlo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Algo nuevo

Siempre tendría a mano el texto de Rilke, aquél que dice que la tristeza “son los momentos en que ha entrado algo nuevo en nosotros”, para justificar la suya, leve pero persistente, que desde hacía tiempo se había apoderado de él. Se veía así mismo enarbolando eso “nuevo” como si fuese un trofeo, para quedar satisfecho ante los demás y ante sí mismo. “Miradlo todos, no ha sido en vano, he aquí el fruto de la pena que censurabais, de la que yo mismo abjuraba”. Sí, Rilke era la clave, su frase era la clave. Ahora se trataba de incubar bien el huevo de su tristeza para que no se fuese al traste su triunfo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El rudo vivir

Le gustaría verse a sí mismo como un personaje de novela ya terminado, con su historia completa, su destino contado, sus circunstancias descritas, sus contradicciones interpretadas, alguien del que se pudiera decir, por ejemplo, “que pasaba sus horas de duelo tomando té y escuchando música en la radio”, de modo que, sustanciado en una frase clara y concisa, con toda la luz en ella, sin más pliegues ni recovecos ni vueltas ni fisuras, pudiese vivir sin tener que hacer su vida, sólo copiarla. Sin  embargo, no sería así. Arrojado al rudo vivir, como todo hombre sobre el mundo, debería hacerse, construirse, con luz o sin ella, acertada o equivocadamente, arriesgándolo todo en cada lance. Todavía no había descubierto la grandeza que había en esto. De momento, sólo veía su dureza.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Magma

Lo que no llega a ser pensamiento ni imagen, lo que, por no llegar, ni llega siquiera a ser subpensamiento ni subimagen, esos flecos o menos que flecos deshilachados o más que deshilachados, ese magma que es siempre el fondo de nuestra mente, ni benéfico ni escalofriante, sino neutral, ¿qué es, qué vale en nuestra vida, a dónde va, de dónde viene, en qué medida empuja o detiene nuestros proyectos, sueños, decisiones? ¿Cómo se funda, cómo se funde, cómo se confunde?

jueves, 29 de octubre de 2009

Las pequeñas penas

Se dice, a veces, que las penas pequeñas son más difíciles de llevar que las grandes. La verdad que pueda haber en la frase, si alguna hay, acaso tenga que ver con el hecho de que una pena grande es imperial, mandataria, y, como tal, sus órdenes son claras y tajantes: quedas perfectamente situado frente a ella, en posición de “¡sí, mi capitán!” La pequeña no tiene ese poder imperativo, se mueve, se desplaza, no es clara ni contundente, y no sabes dónde ni cómo situarte ante ella, quedando uno reducido a la condición del pobre soldado que, ante un jefe sin dotes de mando, no sabe a qué atenerse con respecto a lo que debe o no debe hacer.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Señor de los Abismos

Te encontrará en lo escarpado, en la selva, en medio del polvo, tirado en el desierto. En lo difícil te hallará, donde tú estés perdido, sin rumbo, triste hasta la muerte. Ahí te saldrá al encuentro porque Él es el Señor de los Abismos, de las terribles hondonadas, de las simas cuyo fondo no divisa la mirada del hombre. Lo terrible está en él y en él se amansa, se vuelve quietud, sendero imposible que ahora es posible, porque él lo ha pisado y lo ha hecho suyo. Nuestros caminos son sus caminos y, cualquiera que sea el que recorran nuestros pasos, nos llevan a él, todos.

martes, 27 de octubre de 2009

A la espera

Fase extraña en la que muere algo y no resucita algo, lo que quiera que esto deba ser, lo siguiente, lo que debe venir para ponerse en el sitio de lo primero, de lo que está muriendo, en un lugar más alto rodeado de cumbres nuevas

lunes, 26 de octubre de 2009

Las palabras de la desgracia

Lo que le hacía daño no era tanto la desgracia como las palabras que la nombraban. El familiar que quedaba destrozado, viviendo un infierno, roto por el dolor, con sufrimiento insoportable. Sí, era esto lo que le obsesionaba, el toque de campanas verbal que venía a continuación del hecho desgraciado, que lo coronaba redondeándolo. Su lucha era contra ese belicoso tropel de palabras que se levantaba tras el paso del dolor.

viernes, 23 de octubre de 2009

La habitación

Según se entra, en la pared frontera está la doble ventana, la de fuera de aluminio gris y la interior de madera pintada de blanco, con dos cristales iguales, el de arriba y el de abajo, y uno más grande en medio. Los postigos tienen cuatro paños rectangulares. A la derecha de la ventana, dominando todo el espacio de la pared, hay una estantería que casi roza el techo. La otra estantería ocupa algo más que tres cuartos de la pared que está a la izquierda de la puerta, con cuatro módulos, y también rayando el techo. A su lado se ve otra metálica, de latón, con cinco baldas de colores distintos: amarillo, verde, rojo y azul. Los listones que las sostienen son azules. A la izquierda de la puerta hay dos armarios: uno, el más alto, con dos cuerpos, cuyas puertas tienen tablillas que imitan las persianas venecianas. Justo pegado a la puerta está el otro armario, más pequeño. El resto del espacio de la habitación lo ocupan una mesa, la cama y un mueble para los zapatos que cumple también funciones de mesita.
Vale, bien, el escenario descrito con minuciosidad, casi exasperante. Pero, ¿y el lance amoroso, el crimen, la conversación galante o la discusión agria? Pon al hombre sobre el mundo, amigo.

jueves, 22 de octubre de 2009

Mondo

Se rapó el pelo con la misma determinación que un novicio. Cabeza monda sobre los hombros: sí, por ahí se empezaba. Lo que ahora debía seguir era un mondo espíritu.

lunes, 19 de octubre de 2009

El paraíso en las tabernas

¿In clara veritas? No lo sé, pero hace unos días, al tiempo que daba cuenta de unas cinco claras, todo un récord para mí que tengo mi techo en dos, disfrutaba de la compañía de mis hermanos Rodrigo, Ramón y Pepe. Nunca había estado con ellos en este plan, acabando una cerveza aquí y yendo a por la siguiente allá, con ese compadreo fraterno en el que se discute, se ríe, se lanzan pullas picantes, se llevan suculentos pinchos a la boca, también pipas, y cacahuetes, de modo que cada taberna acaba siendo un paraíso riente y hablador. Así nos trasegamos unas horas llenas de emoción y cervezas.

domingo, 18 de octubre de 2009

Parfum

Justo en el momento en que entraba en el cubículo del retrete se dio la vuelta, pensando que el “hola” con el que yo saludaba a una profesora que venía por el pasillo se lo había dirigido a ella. La imagen, en mi memoria, tiene ahora una gran prestancia plástica, como de anuncio de un papel higiénico para aristócratas francesas. Y es que ella, con sus ojos verdes preciosos, a los que sientan de maravilla las prendas del mismo color que tan bien la visten, tiene algo aristocrático. Esta imagen no la desdoró ni siquiera el hecho de que, cuando estaba yo con mi chorrito ante el retrete, oía como el suyo caía cantarín. La jugada se redondeó unas horas más tarde. Entró en la secretaría, pasó a mi lado y se puso enfrente para hacer una llamada de teléfono, dejando un olor a colonia fresquísimo y de lo más agradable. “Oye, X, que bien hueles hoy”. “¿Te gusta? Es una colonia de hombres, fuerte pero nada pringosa. Yo, de no ser profesora de lengua, me dedicaría a los perfumes. Todo lo relacionado con ellos me encanta”. ¡Oh la la, final parfait a lo parfum!

viernes, 16 de octubre de 2009

Penas

Uno tiene sus penas antiguas, que no se sabe si se enquistan, si maduran, si envejecen, si se injertan. ¿Qué les ocurre mientras va uno cumpliendo años? Arrellanadas en sus canastos como las gallinas sobre sus huevos, quisiera que de su empolladura saliese un pollito pimpante con el que trabar algo divertido.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Obsesiones

Son obsesiones las ideas o imágenes sobre las que no se tiene ningún poder. Nunca encuentran cerrada la propia mente. Se adentran hasta la cocina y acampan a sus anchas, como amas del lugar. Uno, mientras tanto, asiste a su emplazamiento y daño, en el mejor de los casos con resignación y en el peor, desolado. Con el paso de los años es posible que se logre algo parecido a una entente, ya sea porque han perdido ellas algo de su mordiente, ya porque la casa de uno se ha hecho más fuerte.

martes, 13 de octubre de 2009

Flexo

Cuando, con el cambio de tiempo, ya no es posible pasar las tardes leyendo en el patio, bajo los kiwis, y vuelve uno a la habitación y al flexo, se desea que avance la tarde y anochezca, pues entonces es cuando el cono de luz se nota más y con ello la sensación de estar aislado en él, protegido, viviendo en otro mundo, uno de ángeles guardianes y elegantes mecedoras.

(Y aquí, Felina)

domingo, 11 de octubre de 2009

El valor del hombre

Parecía que algún compresor de tamaño lo hubiese reducido y fuese un hombre con cuerpo de niño. Quizá por dentro, en algún lugar, había quedado la espita que, convenientemente manipulada, le devolviera su tamaño anterior. “Valoramos demasiado la vida, cuando es una nonada. Hay en ello demasiado soberbia”. Reconocí aquí el típico descreimiento con respecto al valor del hombre. Lo más sabio, piensa esta gente, sería que se aceptase la propia futilidad como lo único verdadero y no empeñarse en otorgarle al hecho de estar vivos unos quilates que no tiene, en querer ser y persistir incluso más allá de la muerte. “Pues donde tu ves soberbia veo yo el legítimo orgullo de quien se sabe valioso, lleno de una dignidad que ningún otro ser de la tierra posee. Un ser así debe aspirar a conservarse, a alzarse, en esta vida y más allá de ella”.

sábado, 10 de octubre de 2009

Realidad

Qué dura, qué sólida, qué verdadera es la realidad. No se licúa, no se hace agua. Imposible trasegarla.

jueves, 8 de octubre de 2009

¿Eres feliz?

“¿Eres feliz?”. Me lo espetó como si nada. En él era una pregunta habitual, me dijo, que le hacía a todo quisque y que a todo quisque descolocaba, claro. Se preguntaba porqué, dado que debía ser una cuestión obligatoria que habría que dirigir a todo el mundo, continuó diciendo. Que él no pudiese comprender el azoramiento que ante esta pregunta presentaban sus interlocutores era lo que yo a mi vez no podía entender, de tan evidente. “¿Eres feliz?” va de lleno al corazón de la trama de la vida, y esta trama la protege uno como el mayor de los tesoros. Lo pasmoso para mí sería ahora que, sin más ni más, todo el mundo formulase esta pregunta muy alegremente y muy alegremente diese razón de ella todo el mundo. Yo, que no quise que el aturdimiento se me notase más de un segundo y por no desmerecer del ¿ingenuo? atrevimiento de mi colega, enseguida entré de lleno en la cuestión. Si era él osado, no lo iba a ser yo menos.
Otra interpretación posible del susto que crea la susodicha pregunta es que los interpelados tengan que habérselas con el hecho de que no sean felices, cosa que, a su manera, saben, a su manera escondida habría que decir, pero que nunca se atreverían a reconocer públicamente. La pregunta les pone en el brete de tener que hacerlo, y, como me explicó mi colega encuestador, no sin tener que pedir disculpas por ello, buscando la manera de justificarse, como si ser infeliz fuese una secreta vergüenza inconfesable.
Está, por otro lado, la eterna cuestión de qué cosa sea la felicidad. A uno siempre le ha sorprendido que se afirme con tanta frecuencia que en esta vida la felicidad es asunto de instantes privilegiados, escasos, únicos, y que no pueda, por el contrario, ser el asunto, no ya de días, sino de meses y hasta de años. Será, me digo, que el concepto de felicidad que se maneja en tales casos es tan sublime, tan altísimo, tan, por todo esto, inalcanzable, que con razón sólo puede durar no más que unos instantes. Uno no aspira a tanto y se sabe feliz con un poco, bueno, no mintamos, un mucho de tranquilidad y sus gotas de alegría. ¿Será también esto elevadísimo, imposible para el hombre? Evidentemente, no. Por eso hay periodos largos de felicidad en la vida de tantos. Faltaría más.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Quietud

Cierta quietud necesita del mundo en torno para ser: hojas que no se mezan en ninguna brisa, aires que contenga sus soplos, ruidos que aminoren sus voces, que haya como una sustancia quieta en todo. Entonces sí, ocurre, y se abre el telón dando aviso del milagro.

martes, 6 de octubre de 2009

Mercedes Sosa

Murió Mercedes Sosa, grande entre las grandes. Hay voces que me saben a tierra, y la de la Negra es excepcionalmente terrosa, de légamos y barros fecundos, voz antigua, indígena, popular, de caverna y catedral, de hermana y madre, envolvente y penetradora, de montañas y valles profundos. Vive en paz, Mercedes Sosa, allá donde te encuentres, con el niño negrito cuyo sueño rogabas.

lunes, 5 de octubre de 2009

Sibilas

Sentado en el suelo de la habitación del hospital, observaba a las dos reales damas. La una, de perfil, mi señora madre. La otra, casi de frente, su prima, a quien visitábamos. Fisgoneé en sus arrugas, en sus ojos, en su piel, atento a una posible revelación. Pero fue en vano. Las sibilas guardaban su secreto bajo muy buena llave, a muy buen recaudo.

sábado, 3 de octubre de 2009

La religión del "y"

La religión cristiana es la religión del “y”: Jesús “y” la iglesia, el cuerpo “y” el alma, la carne “y” el espíritu, Dios “y” el hombre, el individuo “y” la comunidad, la letra “y” el espíritu, Hijo del Hombre “e” Hijo de Dios, cielo “y” tierra, ya “y” todavía no, tiempo “y” eternidad, gratuidad “y” merecimiento, memoria “y” esperanza, misericordia “y” justicia, hombre “y” mujer… En este plano, nada sabe de “oes” disyuntivas. En el cristianismo, se copula para ser, se es en la cópula. Se suma en tanto se suman realidades. Sólo se restan los males, en tanto que son una “no-realidad” por ser un “no-bien”.

viernes, 2 de octubre de 2009

En algún momento

En algún momento entré en tu casa y dije “sí”, mientras sujetabas mis manos. En algún momento me quisiste siempre tuyo, a tu vera, descalzo, con la cabeza descubierta. En algún momento se hizo imposible que yo desviara de ti mi atención, único camino, única verdad, única vida. Ese momento fue ayer, es hoy, será mañana.

Una tarde de sábado

Vadeó la tarde como pudo. Se le había presentando vacía, hasta tediosa, y por primera vez le asustó no poder llenarla. No quería hacer nada pero tampoco sabía estar sin hacer nada. ¿Alguna solución de compromiso? De entrada sólo se le ocurrió andar durante una hora. No le gustaba hacerlo, pero las mil veces que, de boca de su psiquiatra y de sus hermanas, había escuchado el “tienes que hacer ejercicio”, lo coceaban ahora recriminándole su sedentarismo. Salió pues. A los setenta minutos estaba de vuelta. Notaba cierto bienestar pero, ante él, la tarde se le aparecía igualmente vacía. Seguía sin saber qué hacer, cómo manejar su no tener ganas de hacer nada. ¿Dónde estaba la experiencia para enfrentar esto, la sabiduría, el coraje? Dentro de él, en tales horas, desde luego que no. Finalmente, un tanto abrumado, se tumbó en la cama, arrebujándose debajo de una manta, que apretó contra sí para sentirse protegido. Fue presa de sentamientos negativos, de anticipaciones aciagas, y de una ligera somnolencia. A las nueve menos cinco sonó el despertador. Bajó a cenar y, al encontrarse con su madre y su hermano, sintió que todos los fantasmas habían pasado de largo.

martes, 29 de septiembre de 2009

sábado, 26 de septiembre de 2009

En sí, fuera de sí

Vivir consiste en sobreabundar, en ser excesivo, en estar por encima de las propias posibilidades, en salir de sí mismo más allá de sí mismo. Este movimiento superabundante se balancea con el otro, el de estar en sí siendo exacta y concretamente el que se es, el que permanece cabe sí. En algún lugar de nosotros mismos se realiza la unidad “tensa” de estos dos movimientos, salir de sí siendo en sí y ser en sí saliendo de sí. Lo uno hace posible lo otro, lo uno es imposible sin lo otro. Sólo el cielo verá la realización perfecta de esto.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Un eslabón

Ser un eslabón más en la cadena de los que se amaron. Que no se rompa, que se haga fuerte, más fuerte, para que a ella se amarren los que nos sigan como lo hicimos nosotros con los que nos precedieron.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Visillo (3)

Cuando uno es sólo lo que la luz dibuja, cuerpoalma esculpido con claridad y rayo, se es entonces del todo, forma suya, silueta suya, carne suya, visillos nosotros de la luz más grande, y que tamizamos para los otros.

sábado, 19 de septiembre de 2009

El visillo (2)

Cedazo humilde para la luz, para la vida toda, que tú filtras, y así nada nos asalta y todo viene mansamente.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Recurrencias: sólo yo soy como yo

“Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,

fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo”
(Miguel D´Ors, El misterio de la felicidad)

“¿Por qué justo a mí tenía que tocarme ser como yo”
(Felipe, el amigo de Mafalda, en una de las tiras cómicas de Quino)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Vida cristiana o el juego de la oca

Muchos son los que juegan con un dado que tiene en sus seis caras el número cinco, de modo que su recorrido por la vida cristiana es de oca en oca, es decir de sacramento en sacramento y ahora tiro porque es el momento. Así, primero es el bautismo, después la primera comunión, después la confirmación, después la boda, y, para finalizar, la muerte. Entre medias, nada, o asuntillos menores que de cuando en vez los llevan a la iglesia. ¿Cuántos serán los que, a falta de ritos civiles de paso, echan mano de los sacramentos de la iglesia para dar realce a los momentos cumbre de la vida? Acaso, como en una ocasión dijo Olegario González de Cardedal en un programa de televisión hace ya un montón de años, sea ésta una asignatura pendiente de la sociedad civil, demasiado deudora todavía de los ritos católicos y no propietaria de los suyos propios.
Al lado de estos están aquellos cuyo dado tiene en todas sus caras el número uno, de modo que desde el principio hasta el final no dan grandes saltos sino pasos diarios, pues la vida cristiana no es otra que la propia de todos los días. Entre sacramento y sacramento no hay hiato sino continuidad, un cristianismo no a tiempo parcial sino a tiempo completo, en todo tiempo. Es inconcebible en este caso andar a salto de mata, de momentazo en momentazo, pues el pan nuestro de cada día esperan recibirlo siempre de Dios, como quien se sabe de veras convocado al banquete de los hijos al menos cada domingo y fiestas de guardar, por decirlo ya en román paladino, y para cumplir, sí, no un “cumplo” y “miento” sino un “es para mí el mayor de los cumplidos que tú me convoques a tu mesa, Señor”.

martes, 15 de septiembre de 2009

Un rostro

Un prematuro envejecimiento puede sentarle bien a un rostro de treinta y cinco o cuarenta años, darle una bonhomía en la que se sumen la juventud aún no ida y la vejez tan sólo un poco anunciada.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Chunda, chunda

Un gran amante y practicante de la música clásica, allá en mis años salmantinos, compañero del colegio universitario, decía que la música pop, toda la que no es clásica en el sentido habitual de esta expresión, crece en torno a un chunda, chunda de fondo, una repetida e inagotable percusión. ¿Lo llamaba ritmo sincopado? Ya no recuerdo. Ayer, mientras escuchaba en Spotify a Billie Holiday, quise comprobar con cada canción si era así. En efecto, en el fondo, tras toda la arboladura musical, salta al oído ese chunda chunda continuo, persistente, tronco de todo las ramas que después despliega la canción. ¿Demérito? No, característica, sin más, aunque indica que estamos en terrenos más “fáciles” que los de la música clásica. Pero todo esto lo dice un ignorante. Lo que importa en cualquier caso es la emoción que nace de la belleza, y esta se halla aquí y allí, en lo pop y en lo clásico, en lo popular y en lo culto.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Varón de dichas

Chesterton remata su libro Ortodoxia con estas palabras: “Algo había que escondía (Jesús) de los hombres, cuando iba a rezar a las montañas: algo que Él encubría constantemente con silencios intempestivos o con impetuosos raptos de aislamiento. Y ese algo era algo que, siendo muy grande para Dios, no nos lo mostró durante Su viaje por la tierra: a veces, discurro que ese algo era Su alegría”.
Varón de dolores, de públicos dolores.
Varón de dichas, de íntimas dichas.

viernes, 11 de septiembre de 2009

In corpore sano

Que el cuerpo no se haga cómplice de las ideas lúgubres. Que no se frunza el entrecejo ni se tense la mandíbula, que el sosiego facial sea siempre la compañía de un negro pensamiento. Que la mente mal dispuesta no encuentre nunca en el cuerpo un aliado sino un contrario, ese rostro apiadado y fuerte que nada quiere de lobregueces y melancolías.

jueves, 10 de septiembre de 2009

El gran silencio

Viejecito, apergaminado, flacucho. Un hermano cartujo le aplica sobre la espalda, los hombros y los brazos una crema hidratante. Pocas imágenes en mi vida me hablaron más y mejor acerca de la ternura. Esto lo vi en el espléndido documental El gran silencio, de Philip Gröning, que retrata la vida de los cartujos en la Grande Chartreuse, la comunidad de referencia de esta orden, en los Alpes franceses. Hombres que habitan el silencio, se inundan de silencio, crean silencio, de modo que el vacío exterior los atraviese y obtenga el interior, y así se cumpla no sólo el “malas palabras no salgan de vuestra boca” (Ef 4, 29-30) sino también el que ninguna quede dentro buscando aliño. Sanear lo exterior para sanear lo interior, y para que éste, a su vez, revierta sobre el primero y cumpla el ciclo de la sanación. Ni maldad fuera ni dentro, y todo gracias a esa apuesta radical por el silencio, pautado por los rezos, las obras de cada día, en los que Dios se hace visible con toda su fuerza, no en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en la brisa, la que nace de lo callado, de lo apenas bisbiseado, de lo acuclillado en la reverencia muda. A mí no me importaría pasar por la prueba de este silencio riguroso durante una temporada. Creo que sería un bendito descanso del cuerpoalma frente a todo lo que en él es ruido y furia, para salir de él mejorado, con buenas palabras dentro y fuera, con espléndidas reservas de sonoro vacío, de vibrante y animosa mudez.

martes, 8 de septiembre de 2009

De puntillas

Hay asuntos que se poetizan solos. Iago, de 10 años, amigo de mi ahijado, camina de puntillas, sin apoyar el talón, desde que empezó a dar sus primeros pasos. Los padres lo consultaron con los médicos y parece que la cosa no tiene mayor importancia, aunque desconozco los detalles. Es algo curiosísimo. Parece que no quisiera lastimar al mundo, o a sí mismo, o que ensayara su futura vida de bailarín, o que no quiere hacer ruido al caminar, o que se prepara para alzarse sobre coturnos, o que quiere ver desde más alto, o que considera más débiles a los talones y los protege, o que es su modo de cursar un chis a los demás, o es que tal vez se sienta un inocente y bello fauno, o es que finge ser una drag queen infante, o es que prefiere el trote al mero caminar, o es que…

sábado, 5 de septiembre de 2009

Anciano de días

Anciano de días, de muchos días, de mil eternidades, antiguo, muy antiguo, con antigüedad sólo tuya, tan blanca tu melena, tan brillante tu barba, tan dichoso en tu juventud acumulada, en tus canas de infante, en tu dentadura perfecta de eterno marfil.
Anciano de días, niño de siglos.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Fila-

Hoy, en un descuido, al pensar en los filántropos de seguido lo hice también en los filatélicos. ¿Será que algunos de los primeros hacen lo que los segundos con los sellos, buscar y coleccionar (actos buenos)?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¡Ay!

Estoy sentado, leyendo, y oigo un ruidito. Una hoja del kiwi, a medias verde, a medias seca, cae en vertical, a palo seco, sin tirabuzón alguno. Sigo leyendo. Al rato, de nuevo otro ruidito. Otra hoja del kiwi, del todo verde, cayendo en vertical sobre el suelo, también sin floritura alguna. “Falta un viento que os acune y haga de vuestro desprendimiento un juego de vueltas, y virajes, y ondas, me digo. Quizá yo, ahora, con estas palabras mías, os doy la brisa que no tuvisteis al caer, atisbando, ¡ay!, el fin del verano”.

lunes, 31 de agosto de 2009

¡Oh, maravilla!

En tu rostro me abismo, igualmente en el tuyo, y en el tuyo también. Atravieso las puertas que tenéis abiertas, me planto ante las que permanecen cerradas. Vosotros, todos, mundos abisales. El abismo llama al abismo, el rostro llama al rostro. Aquí una pirueta, más allá una floritura, una fantasía, juegos malabares de las pestañas, los ojos, las mejillas, los labios, el mentón, la nariz, la boca, las comisuras, las arrugas, la piel tersa, las pecas, el vello. Me abres un camino y por él me lanzo. Me lo cierras, ante él me paro. Allí conquisto, aquí no encuentro. Pero sigo, pues son millones las caras, las aventuras faciales sobre los cuellos, bajo las frentes, cada uno una longitud de onda, una franja horaria, un sí, un no, un sí es no, un no es sí, me adentro, me detengo. ¿Qué pasa? Pasas tú, y tú, y tú también. ¡Oh, maravilla!

sábado, 29 de agosto de 2009

En busca del tiempo perdido

Cogí un libro de un estante, en la habitación de los invitados, y estaba forrado con plástico. Se produjo entonces un instante de magdalena y Proust, muy leve, nada grandioso. Vinieron a mi memoria los días de infancia en que forrábamos los libros escolares, a principio de curso, aquel olor maravilloso que desprendía el plástico duro, el más tieso, el que quedaba casi pegado a las cubiertas de los libros. Vuelvo a ver toda la operación. El despliegue del papel de forrar, la puesta encima del libro, abierto, la tijera deslizándose a su alrededor para cortar el trozo necesario, las dobladuras del mismo sobre los tres lados de cada una de las caras, y, ya por último, los pedacitos de celo que sujetaban el plástico y dejaban guarecido el libro. Y lo que más siento, no es su figura visual o táctil, sino la olfativa, aquel olor de principios de curso que lo ponía en marcha, lo inauguraba, prometiendo alguna que otra maravilla.

jueves, 27 de agosto de 2009

Siempre

Todo el tiempo el mismo tiempo, el mismo tiempo que cambia. Todo el punto siempre el mismo punto, toda línea la misma línea. Todo es aquí, todo es ahora, y allí, y después. ¿Qué sitio habitamos, qué planeta? ¿Dónde estamos cuando estamos, qué somos cuando somos?
Pon tu pié en mí. Agárrate. Ven, sígueme. Vayamos a rincones oscuros, olvidados. Deja atrás lo que no es tuyo, lo que estorba tu valor, lo que te evade y volatiza. Siempre en el mismo camino, asiendo la misma llama, siempre.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Dios de minucias

“Él cuida de todos sus huesos” (Salmo 34, 21).
“Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” (Lc 12, 7).
Dios de minucias, Dios contable.
Dios entrañable.

lunes, 24 de agosto de 2009

Estados Unidos de América

Texas, Utah, Arizona, Minnesota, Idaho, Ohio, Kentucky, California, Alaska, Massachusetts, Oklahoma, Nebraska, Virginia, Oregón… Recitar la lista de todos los estados de Norteamérica, como el mejor poema posible, sintiendo que me arrastra la épica y la lírica de un país que mi ensueño maneja a golpe de western, de aventura, de límite y traslímite, de horizontes lejanos, de praderas inmensas, de bisontes y búfalos, de caravanas, de ranchos, de trenes de vapor, de paraísos de montaña, bosque y lago o de planicie, desierto y alturas rocosas… El vaquero que hay en mí coge su guitarra y nace la balada en mis labios, que paladean los nombres formidables de los Estados Unidos de Norteamérica.

domingo, 23 de agosto de 2009

miércoles, 19 de agosto de 2009

En la noche estival, un perro

¿Por qué siento, mientras espero el sueño, que el ladrido es el acorde perfecto en las noches estivales, de modo que sólo él y no otro le otorga un relumbre de plenitud y de misterio? ¿Qué tiene esa voz de perro para que deje en mí tales ecos, apuntadores de una felicidad infinita, de un “todo está bien”? ¿Era acaso, en el paraíso, un perro el que acunaba el sueño de Adán y Eva? ¿Ya entonces ladraba de alegría el mejor amigo del hombre al ver como se dormían nuestros primeros padres?

lunes, 17 de agosto de 2009

En un ser

Quejosa Santa Teresa por la tornabilidad de su ánimo, le pidió razones a Dios y obtuvo la siguiente respuesta: “En esta vida no podíamos estar siempre en un ser”. Nos lo cuenta en el libro de su vida. A día de hoy, me sigue pareciendo una frase maravillosa, y es de las que más se hace presente en mi memoria, estribillo ya de mi propia vida. En una línea, resume a la perfección aquello del libro del Eclesiastés: “Hay un tiempo para… y un tiempo para…”, que a modo teresiano, sonaría así: “Hay un ser par llorar, y hay un ser para reír; hay un ser para buscar, y hay un ser para perder”. Avanzamos por la vida atravesando tiempos, atravesando seres.

sábado, 15 de agosto de 2009

Verano

Uno ama el verano cuando lo es, es decir, cuando el sol, además de lucir, calienta en torno a los 25 grados como mínimo, cuando el cielo está despejado y las noches no son nunca frías aunque puedan quedar frescas, cuando le está permitido a uno sentarse en la hamaca, bajo la sombra de los kiwis, en las horas de la tarde, para leer a ratos y a ratos pasmar, y a eso de la ocho, incluso antes, agradecer la llegada refrescante de la brisa, cuando por la noche puede dejar la ventana de la habitación abierta y sentir los ladridos de algún que otro perro, que le suena a uno, sin saber por qué, como el acorde perfecto para esas horas. Si tiene lugar todo lo anterior, el verano aparece como la estación perfecta, por su generosidad, por su dicha. El sol ejerce un dominio saludable, vital, entusiasta, que pone morena al alma, más carnal que nunca, y uno siente que la felicidad está en los jardines, en las huertas, en los mares, en las frondas, en los patios interiores, en las fuentes y los ríos.

viernes, 14 de agosto de 2009

Albricias de agua

Escuchar música barroca y venírseme a las mientes la imagen de un arroyo saltarín y danzante es todo uno. El oído se llena de salpicaduras, chorros, burbujas, cascadas, y sólo por momentos de remansos, en los que la corriente toma fuerzas para, ¡hala!, arrancar por bulerías otra vez. Pinchas una colección de conciertos de los “…i” (Corelli, Scarlatti, Vivaldi, Monteverdi…), y al alma le entran ganas de un trote acuático, de un galope saltimbanqui y torrentero. ¡Albricias del agua, rizos de espuma!

miércoles, 12 de agosto de 2009

Ángel guardián

Mi tío Perfecto, al ver como le sacaba a mi madre una pelusilla de la chaqueta, me dijo: “eres el ángel guardián”. Durante los días que estuvo aquí de vacaciones, cada vez que se despedía, el saludo era “hasta luego, ángel guardián”. Hoy, que se marcha de vuelta para Puerto Rico,donde lleva más de treinta años ejerciendo el sacerdocio, reflexiono sobre ese honor concedido y pienso que se ha convertido, ahora, en una impremeditada encomienda. “Sé un ángel guardián”, oigo que me dice un eco deudor de las palabras de mi tío.

martes, 11 de agosto de 2009

El panteón

La lectura en Las inclemencias del tiempo, de Andrés Trapiello, de su experiencia en el Panteón de Roma, me retrotrae a la mía, que fue, quizá, o sin quizá, la más gozosa que me brindó la ciudad tiberina. Al entrar y verme acogido por tan inmensa cúpula, con su abertura central, un ojo para el cielo, quedé fascinado y sobrecogido con emoción profunda. Ningún otro lugar romano pidió de mí sentirlo muy despacio, enteramente. Estás bajo una bóveda cuya clave es una ausencia, una abertura que te asciende al cielo o te lo baja a las manos, asentándote al mismo tiempo en una horizontalidad perfecta. Aquí se ha conseguido un espacio esférico sublime, cuya apertura cenital te hipnotiza. Lo miras, te mira, lo miras, te mira, y no te cansas nunca.

viernes, 7 de agosto de 2009

Sabela a cambio de Bruce

El precio, 72 euros, impidió que fuese al concierto de Bruce en Santiago el pasado domingo, 2 de agosto, lo que a cambio permitió a mi hermana María, que si fue, pedirme que acostase a Sabela, su hija mayor, de cinco años, y muy querida sobrina mía. Ambos, puestos los pijamas, nos embutimos en la cama de sus padres, privilegio que obtuvo Sabela esa noche. Lo primero de todo, la lectura de dos cuentos, Y la luna sonrió, de un tal Petr Horácek, y Russell el borrego, de otro tal Rob Scotton, cuyas historias sobre el sueño no pretenden sino eso, poner a dormir a los niños. Sabela, además de escuchar quería ver las ilustraciones, magníficas, por lo que tuve que desplegar los cuentos ante sus ojos. Creo que hice una lectura correcta, con un ritmo y un tono adecuados. “Ahora esperaremos a que venga mamá”, me dijo Sabela en cuanto terminé de leer. “No sé tú, pero yo no pienso esperarla despierto así que me voy a dormir”. “¿Y así como vamos a saber que viene?” “Ya nos despertará ella”. Nos giramos entonces, quedando frente a frente, y cerramos los ojos, yo con la intención de hacer mutis por el foro en cuanto ella quedase dormida. En un primer intento, al sentir que su respiración era más profunda, medio abrí los ojos y empecé a deslizarme fuera de la cama. “¿No duermes?” “Sí, sí que duermo”. Primer intento fallido. Unos minutos más tarde me lo propuse de nuevo con la intención de que ahora sí. Me sorprendió nuevamente, pero le dije que iba al baño y que enseguida volvería. “No tardes”. “Vale”. No tardé, volví, y ya estaba perfectamente dormida.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Los muertos

Ciertas figuras, al alejarse, se acercan, los muertos por ejemplo, y sólo así los conocemos, porque en ésa su distancia crean el espacio que permite que nuestros ojos vean lo que de otro modo nunca verían. Pero puede pasar toda una vida antes que tal cosa ocurra, durante la cual, el muerto frente a nosotros y nosotros frente al muerto, buscamos acomodo y ajustamos los ojos. Entonces, y sólo entonces, tiene lugar el encuentro.

domingo, 2 de agosto de 2009

La esfera y la cruz

Una de las tendencias irrefrenables del cristianismo en todos los momentos de su historia es la de plegar hacia dentro los brazos de su cruz, de modo que, dejando de ser frente abierto en todas las direcciones, se convierta en esfera, donde se consigue la perfección al precio de no dejar entrar ni salir la vida: expulsada ésta, el cristianismo se convierte en sistema, un organigrama dogmático y social que asfixia al Viviente. Pero éste puede siempre más, y a través de sus santos centrífugos consigue que vuelvan los maderos a su posición, la que se extiende hacia el norte y el sur, el este y el oeste, hacia delante y detrás, hacia arriba y abajo, cruz que expande la vida y rompe todas las esferas.

miércoles, 29 de julio de 2009

Mirar, comer

La belleza que vemos, sólo la vemos, o la escuchamos, o la olemos, o la tocamos. Nunca, en cualquier caso, la comemos. ¿No quedamos así faltos de algo esencial? Simone Weill lo dijo excepcionalmente bien en La gravedad y la gracia: ”El gran dolor del hombre, que comienza ya en la infancia y que prosigue hasta su muerte, lo constituye el hecho de que mirar y comer son dos operaciones diferentes. La beatitud eterna es un estado en el que mirar es comer”. La relación sexual nos deja en el borde de este deseo, el de “comernos” al ser amado, el de ser comidos por él. Un beso, profundo, apasionado, ¿no es el amago de un mordisco, de un arrancamiento e ingestión de un trozo del cuerpo venerado? Al “mirar, tocar, besar, lamer, morder”, de Félix Grande (Las Rubáiyátas de Horacio Martín) , le faltaría un “comer” que completase el crescendo del amor y el deseo.
Me pregunto si, cuando comemos y bebemos el cuerpo y la sangre de Cristo en la eucaristía, no se anticipa lo que, según Simone Weill, será una realidad en el cielo, la unidad del mirar con el comer. Cristo, el admirable, el mirable, es también el comible, por puro amor suyo hacia nosotros, a nuestras necesidades y anhelos más profundos. Él, que se ofrece a la vista para que nos gloriemos con su belleza, se ofrece a nuestra boca para que nos saciemos, comiéndola, de esa misma belleza. Su entrega total hace posible que mirar sea también comer.

lunes, 27 de julio de 2009

jueves, 23 de julio de 2009

Orgullo

“Si tuviera un solo sermón que predicar, sería un sermón contra el orgullo”. Así comienza Chesterton un pequeño ensayo cuyo título es, precisamente, Si tuviera un solo sermón que predicar (Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos)) . Puesto en tal extremo, acaso yo hiciera lo mismo.
La lujuria sin orgullo sería menos lujuriosa, la gula sin orgullo sería menos golosa, la avaricia sin orgullo seria menos avariciosa, la pereza sin orgullo seria menos perezosa, la ira sin orgullo sería menos iracunda, la envidia sin orgullo sería menos envidiosa. Los seis pecados capitales serían menos capitales sin el séptimo, el orgullo, el más capital, el capitán de los pecados.
Por contra, la castidad sin orgullo sería más casta, la templanza sin orgullo sería más templada, la generosidad sin orgullo sería más generosa, la diligencia sin orgullo sería más diligente, la paciencia sin orgullo sería más paciente, la caridad sin orgullo sería más caritativa. Las seis virtudes capitales serían más capitales con la séptima, la humildad, la más capital, la capitana de las virtudes.
El orgullo, o soberbia, siempre es ese plus, ese “más” que hace que lo malo sea peor e impide que lo bueno sea mejor. ¿Por qué? Porque lo suyo es decir: “Miren ustedes, lo peor de la ira, pongamos por caso, no es la ira en sí sino lo que yo me afirmo en ella, lo que yo me subrayo en ella, lo que yo me chuleo en ella, lo que yo, lo que yo, lo que yo… Y la excelencia que podría alcanzar la generosidad, pongamos por caso si hablamos de las virtudes, no la alcanza porque yo me afirmo en ella, yo me subrayo en ella, yo me chuleo en ella, yo me, yo me, yo me…”.
El orgullo, o soberbia, es el específico, muy específico, pecado del yo, del me, del mí, que se hincha y se hincha. El yo se muere de sí mismo. Tan orgulloso está.

miércoles, 22 de julio de 2009

Que la vida iba en serio

Llegas, con los años, a un ámbito de seriedad, de infinita seriedad ("Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde", Gil de Biedma),  que erguida siempre, sabe también descansar; que siempre alerta, sabe también aligerarse; que al quite siempre de todas las preguntas, sabe también hacer del silencio la mejor respuesta.

(Y aquí, Las meninas)

miércoles, 15 de julio de 2009

martes, 7 de julio de 2009

Un cordero

Araño y no acaricio, Señor. Me sale la garra, quizá porque tengo los nervios en punta, porque duermo poco, porque qué se yo que más razones. ¿Dónde queda el hombre manso que quiero ser,  al que no importan qué diablos se le acumulan porque siempre los vence? Si, araño y me araño, sediento de tu mansedumbre, de no ser más que un cordero que duerme y se arrellana en tu corazón.

sábado, 4 de julio de 2009

Garfield

La pereza, pecado capital, reconvertida en virtud capital. Me gustaría poder hacerlo, meterle aquí un buen gol al diablo, más que nada para poder tumbarme a la bartola el resto de mis días y no hacer absolutamente nada, sólo dormir, soñar, contemplar, respirar, ponerme de lado cuando me cansé de estar de frente, dar otro giro, pasados veinte años, y ponerme de espaldas, postura que seguro me cansaría tras otros veinte años, lo que, ¡oh puñetas!, me obligaría a un nuevo giro para quedar nuevamente de lado, aunque ahora del otro…
Creo que me voy a encomendar a San Garfield para lo que me quede de vida.

viernes, 3 de julio de 2009

MÁS

Las realidades de la vida dan de sí lo que les es posible dar. Un buen vino, una balada de Bruce, un amor duradero, un puesta de sol en la playa, un amigo fiel, una de John Ford, el cuerpo cálido de un niño, la charla amistosa en una terraza de verano, un paseo por el Bósforo, la sonrisa de ese ser que te ama y al que amas, el chocolate, Katherine Hepburn, la santidad de una madre, la ternura de un padre, el cielo, las nubes, el fulgor de la desnudez, una novela de Álvaro Pombo, aquel poema de Auden -Postscript-, la camaradería en el trabajo, una tarde de lluvia, un brillo en la pared, las ardillas, Odilon Redon, la brisa entre las hojas, el canto de los pájaros, una ruina abandonada: dais de sí lo que tenéis, muchísimo, tanto que parece suficiente para calmarme y quedar yo saciado. Pero, ¡ay!, mi hambre es infinita… Quiero más. MÁS.

jueves, 2 de julio de 2009

Cópula frontal

No sé si somos los humanos los únicos seres vivos que copulamos dándonos la cara y no cubriendo el macho la espalda de la hembra, como parece ocurrir en la mayoría de los vertebrados, tal vez en todos. Eso indicaría que el acto de mayor intimidad sexual, el consumador, está llamado a ser en la pareja humana un encuentro personal, una compenetración que, máxima en la zona púbica, pide también serlo en la zona ocular, en la bucal, en esa parte de nuestro ser que más intensamente nos muestra. Por ser frontal y no un “ataque” por la espalda, el acto sexual interhumano debería ser siempre por eso encuentro y nunca colisión, nunca agresión, nunca traición. Los traidores, en el viejo oeste, disparaban por la espalda. Ya que no pueden copular sino de frente, el hombre y la mujer deberían dejarse enseñar por la fisiología para no convertir nunca este cara a cara en nada que no sea un acto de amor.

lunes, 29 de junio de 2009

Atrevidos

Hay una oración de la liturgia de las horas en la que se implora a Dios para que nos conceda “aun aquello que no nos atrevemos a pedir”*. Sorprendente, y maravilloso. ¿Cuáles podrían ser esas cosas que no nos atrevemos a pedir de modo que sólo podamos esperar recibirlas de él mediante el rodeo de decirle que, también eso, lo que no osamos pedirle, nos lo dé? Esta oración, además de expresar una suma delicadeza ante Dios, un respeto profundo, ¿no nos invita también, aunque sólo lo haga muy sesgadamente, al atrevimiento, como si Dios se expresase en estos términos: “Confía en mi amor, hijo mío. Puesto que quieres amarme más de lo que me amas, destierra de ti el temor y sé osado, háblame con franqueza, con total libertad. Que tu reverencia hacia mí no ahogue tu familiaridad conmigo. Soy tu padre: habla claro y pídeme eso que no te atreves a pedirme”? De esta guisa, sería Dios siempre el único verdaderamente “atrevido”, el que nos estaría urgiendo una y otra vez a serlo también nosotros, atrevidos, pues esto significaría que nuestra confianza en él, nuestro amor por él, serían todo lo grandes que él quiere que sean. Lo amamos mucho, luego nos atrevemos mucho. Dios nos quiere así, atrevidamente amantes, amorosamente atrevidos.

*Dios todopoderoso y eterno, que con la magnificencia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 25 de junio de 2009

Recurrencias: con uno basta

“Que por mí sólo muriera
Dios, si más mundo no hubiera.”
(Calderón de la Barca, La devoción de la cruz).

“Te han dicho también que Jesús murió por ti, por tu alma, pero tú no has sabido que tenías el derecho, y aún el deber, de imaginarte sola en el mundo, en el sentido que, si tú fueras la única hija de Adán, la Segunda Persona divina se habría encarnado, se había hecho crucificar por ti.”
(Léon Bloy, Diarios, 15 de noviembre de 1912).

“Si j’avait été seul au monde, Dieu y aurait fait descendre son Fils unique afin qu’il fût crucifié et qu’il me sauvât.”
(Julien Green, Le miroir intérieur. Journal 1950-1954).

martes, 23 de junio de 2009

Bruce

Su voz terrosa, con ese punto ríspido que es al mismo tiempo muy cálido, deja en mi ánimo una extraña mezcla de gozo y melancolía, que me conmueve profundamente. ¡Ah, Bruce, qué hermosa se siente la vida al toque de tu voz! A quienes quedamos imantados por figuras que nos parecen paternas, o primogénitas, Bruce se nos presenta como un padre o hermano mayor adorable. Es un hombretierra cuyo calor buscamos.
¿Qué vacíos colma, que heridas cierra, que dolores alivia Bruce para que me llegue tanto?  Sé porque eres llave y entras en el ojo de cerradura que tengo dentro de mí, donde indiscerniblemente me dañas y me salvas, me entristeces y me alegras, me haces derramar lágrimas de gozo y dolor.

domingo, 21 de junio de 2009

Léon Bloy (3)

“Fuego soy apartado, y espada puesta lejos”, dice la pastora Marcela en El Quijote. Así quiero tener yo a Bloy con respecto a mí, como fuego, pero un poco apartado, para que me ilumine sin quemarme, como espada, pero un tanto lejos, para que su filo relampaguee sin cortarme. Acaso la quemazón y el corte serían beneficiosos para mí, me harían un daño saludable, pero, ¡ay!, la duda persiste. Demasiado abismal, demasiado selvática su entrega al sufrimiento: mi sensibilidad no lo soporta. Sé que lo hizo por amor a Cristo, por amor a María, que es necesario que haya hombres y mujeres que, llevados de un amor colosal al Siervo Sufriente de Yahvé, completen lo que falta a su pasión. Sin ellos, la obra redentora se vendría abajo, no continuaría, todo quedaría falseado. Todo esto lo sé… Pero hay estilos, otros estilos. El de Bloy me lastima y me confunde. No puedo tenerlo por eso en la cocina de mi casa, con Chesterton y Péguy y Bernanos y Lewis y tantos otros. Eso sí, le reservo una muy cómoda habitación, aunque un poco apartada.

jueves, 18 de junio de 2009

Léon Bloy (2)

El completar “lo que falta a los padecimientos de Cristo” (Col 1, 24) adquiere en Bloy una crudeza insoportable. El autor francés se tiró de cabeza, de corazón, de espíritu, en ese “lo que falta”. Pidió ser clavado con Cristo, pidió llorar con La que llora (así se titula uno de sus libros, dedicado a la Virgen de La Salette), y obtuvo el “hágase”. Confieso que me da miedo, que casi me espanta, o sin el casi, esta generosidad extraordinaria de Bloy. Un texto entre muchos: “He sufrido voluntariamente y por formal promesa, desde hace unos treinta y seis años, mucho más de lo que puede imaginar usted, mucho más de lo que haya dicho o escrito, y no quisiera, por todo el oro del mundo, no haber tenido esta vida terrible que me ha puesto en el umbral de la Alegría” (Diarios, 27 de febrero de 1911). Yo aquí no hago pie, porque, ¿quién hace pie en un abismo, abismo de amor y dolor en este caso? Mierdecilla que es uno al lado de esto, claro.

miércoles, 17 de junio de 2009

Léon Bloy (1)

Sobrevivir a Picasso, decía el título de una película. Sobrevivir a Bloy, el de los Diarios, digo yo ahora, pero para vivir sobre él, de él, si bien tomando distancia frente a sus enormidades, que no son pocas, porque Bloy, como León que es, ruge, y muy fuerte, si bien al mismo tiempo te acaricia poderosamente. ¡Qué hombre, qué coloso del dolor, que titán de la aflicción, qué hércules de la miseria, qué testigo del Absoluto, de Dios, de Jesús, del Espíritu, de María, de los santos! ¡Ah, Bloy, me has arañado pero bien, como muy pocos lo hicieron, Péguy, Bernanos, tus compatriotas franceses!

martes, 16 de junio de 2009

Hijo de p...

La iglesia tantas veces puta, claro. Pero, a este respecto, yo prefiero ser hijo de puta que hijo de nadie. Pues sólo el que no renuncia a ser hijo de tal madre puede hacer algo por ella, devolverle la pureza, sacarla del burdel, cosa que sólo conseguirá si él mismo logra escapar de él. ¿O es que no soy yo acaso tantas veces la puta?

domingo, 14 de junio de 2009

Peregrinos, madre

Mi madre, que no fue al mundo, está viendo como el mundo viene a ella. De siempre, los viernes por la mañana limpia la iglesia y cambia las flores. Ahora, con casi 83 años, ya no lo hace sola. Desde que se abrió la ruta de la plata como ruta peregrina hacia Santiago, la que arrancando de Sevilla, sube por Extremadura, Salamanca, Zamora, Ourense y remata en Compostela, Silleda, mi pueblo, ve pasar decenas de peregrinos, sobre todo en esta época. Muchos visitan la iglesia, rezan, y, aquí quería llegar, hablan con mi madre y sus amigas. Este último viernes, por ejemplo, fue una pareja alemana que se expresaba muy bien en español. Otro día un grupo de portugueses. “Hai moita fe no mundo”, comenta mi madre, que ve arribar a sus orillas estas olas de fe internacional. Y le encanta, claro. Y a mí, que lleguen, que mi madre lo viva y que me lo cuente. Así, de manera tan sencilla y vivaz, la catolicidad de la fe se la sirve Dios en bandeja a mi  madre, ella, que apenas si salió de casa.

viernes, 12 de junio de 2009

¿Qué éxito?

Al que se siente escritor, escritor llamado, ¿no debería darle un ardite obtener o no éxito, si sabe que, habiendo dejado salir de sí las palabras pedidas, ha cumplido la voluntad del Padre? Pero no para quedar instalado en una paz olímpica, sino cristiana, muy cristiana, a la pata llana, con todos sus avatares.

jueves, 11 de junio de 2009

Levedad

Contra gravedad, levedad, levadura, alzamiento, pasos en la luna que son saltos de gigante. Tuve una época en que tal habilidad fue recurrente en mí, allí donde se forjan las quimeras.

miércoles, 10 de junio de 2009

Jesús

Les extraña a los alemanes que aquí, en España, utilicemos el nombre de Jesús para nombrar a tantos y a tantas: a lo largo y ancho de nuestra geografía se cuentan por miles los que se llaman Jesús y Mª Jesús. Para ellos, tal nombre sólo puede llevarlo el hijo de María y de José, hombre único que, por ser quien fue y quien es, merece que sólo él y nadie más que él sea nombrado así, Jesús. Es como si, de la misma manera que el Señor dijo “no llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo” (Mateo 23, 9), entendieran nuestros vecinos germanos que lo mismo habría que hacer con el nombre de Jesús. Una razón con fundamento, desde luego.
Pero creo yo que tampoco carece de fundamento ni deja por eso de ser razonable nuestro uso hispano. Hay en él, en las antípodas del alemán, otro sentido del homenaje con respecto al nombre de Jesús: si los primeros lo reservan en exclusiva para quien fue y es insuperablemente excelente, los segundos, nosotros, lo desparramamos sobre muchos y muchas en razón de esa misma insuperable excelencia, para quedar animados, protegidos, impulsados por ella. Si Cristo no retuvo nada para sí, pues lo dio todo, ¿por qué no había de dar, de darnos, también su nombre, el dulce nombre de Jesús?
Ambas costumbres se complementan de manera perfecta, basándose en lo mismo, el amor a Jesús: que nadie sino él, por ser quien es, se llame Jesús; que muchos, por haber sido él quien fue, se llamen Jesús, como se complementan el silencio y la palabra.

viernes, 5 de junio de 2009

Y rey

Sacerdote, profeta… y rey, ¡rey! Pues entonces:
Miedo mío, ¿cuándo grabarás en tu corazón el aviso de nuestro Señor: “¡Ánimo!, que soy yo; no temáis”?
Ansiedad, ¿por qué esas ganas de perderte en el desasosiego? Te lo suplico, mejor, te lo ordeno: pon paz en tu casa.
Obsesiones, ratas feas, convertidas os quiero ya en ardillas presumidas.
Y ahora, venga, retiraos, que mía es la tarde y vuestra la tarea.

jueves, 4 de junio de 2009

Homosexualidad

Con respecto a la doctrina de la iglesia sobre la homosexualidad, comparto los principios de los que parte, o mejor, el fondo del asunto, pero no las conclusiones a las que llega. Me explico.
Los dos grandes mundos referenciales, de acuerdo con la visión del Génesis, son el hombre y la mujer, el mundo masculino y el femenino, perfectamente interpenetrables, hasta la cópula, perfectamente complementarios, perfectamente distintos y perfectamente, por todo ello, referidos el uno al otro, hasta llegar a hacerse una sola carne. La unión sexual prototípica, paradigmática, la que de veras alcanzaría la plenitud porque engloba esos dos grandes mundos, es la que se daría entre un hombre y una mujer. Pene pide vagina, vagina pide pene: de aquí, unión profunda, nacerán los hijos, gloria, y poder, y regalo, del amor sexual. La unión entre dos personas del mismo sexo, en cambio, hombre y hombre o mujer y mujer, no alcanzaría esa perfección paradigmática, ontológica, esa plenitud simbólica. No es en absoluto baladí, sino decisivo, que pene con pene o vagina con vagina no tengan el poder, la gloria, el regalo, de engendrar hijos. Mundo masculino con mundo masculino, mundo femenino con mundo femenino, no tendrían la misma carga de profundidad paradigmática, ontológica, simbólica, que sí tendría mundo masculino con mundo femenino, los dos grandes universos.
Ahora bien, en tanto que el homosexual, hombre o mujer, no ha decidido serlo, no se ha plantado un día ante el espejo para decirse y decir a todos: “Ea, voy a ser homosexual”, sino que se ha encontrado siéndolo: “Vaya, así que soy homosexual, mi deseo y atención se dirigen, irremediablemente, a las personas de mi mismo sexo”, y sólo pueda vivir una unión homosexual dado que la heterosexual le está, por naturaleza y condición, vedada, ¿deberá, por eso, ser condenada como pecado a nivel moral tal unión porque a nivel paradigmático, ontológico, simbólico, no alcance la plenitud del “una sola carne” que describe el Génesis? De la imperfección ontológica, ¿se sigue en este caso la imperfección moral? No lo veo nada, pero que nada claro. Disiento.

miércoles, 3 de junio de 2009

Dad razón

Estad “siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza”, leemos en 1 Pe 3, 15.
Sí, y tantas veces no será esa razón más que el balbuceo ininteligible de un cristiano tímido, o el exabrupto de un cristiano susceptible, o la sentencia inapelable de un cristiano magisterial, o el quedarse sin palabras ante un no saber qué decir de un cristiano dialécticamente inhábil, o el grito de un cristiano sanguíneo que quiere así dar más fuerza a su argumento, o… ¡cuántos “o” se podrían añadir aquí! No, no tendremos siempre a mano una razón perfecta y redonda que, por nuestra boca, salga como palabra igualmente perfecta y redonda. Cada cristiano dará la razón que pueda dar, y Dios tampoco le pide otra cosa, es más, justamente le pide sólo ésa, justamente ésa que sólo él puede dar, tan suya, acaso pobre, insuficiente, inhábil, balbuciente unas veces, acaso demasiado defensiva y abrupta, gritona y sentenciosa otras. Porque “al creyente que razona, dice Henri de Lubac, no se le ha prometido ser siempre lógico riguroso, ni hábil analista, ni sabio perspicaz, ni profundo filósofo. Aun siendo buen razonador, su técnica puede ser defectuosa. No es cosa que avergüence hacer esta confesión” (Por los caminos de Dios). Sí, es muy fácil comprobar día a día cuán defectuosa puede ser nuestra técnica. Pero también este logos imperfecto y tan poco sabio de tantos cristianos cumple su papel, acaso tan fecundo o más que el de los teólogos más geniales. ¿Qué sabemos nosotros acerca de todos los millones de razones y de logos que cada día ponen sobre el mundo cristianos de todo pelaje y condición, que, acaso muy incompetentes en su forma, no lo son en su fondo y dan así un fruto magnífico?

martes, 2 de junio de 2009

Suéltame

Suéltame, cariño, y déjame volar, hazme volar, impúlsame a volar. Sólo cuando veas que me he ido muy lejos, tanto que pueda perderme, y perderte, tira de mí y llévame como un globo feliz de tu mano.

lunes, 1 de junio de 2009

Agujeros negros

La historia tiene sus agujeros negros, bocas trituradoras de millones de hombres, mujeres y niños. El siglo XX fue el gran especialista en ellos, con el nazismo y el estalinismo a la cabeza. Es difícil asomarse a estos sumideros y seguir manteniendo la cabeza y el corazón firmes. El Mal, que quiere y consigue ser escrito con mayúscula, se presenta en ellos con tal escalofriante realidad, que Jorge Semprún, preso en el campo de concentración de Buchenwald durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo que apelar a la categoría “del Mal radical” para poder describir el extremo al que se había llegado con el nazismo (Jorge Semprún, La escritura o la vida) .
¿Dónde habrá un “agujero blanco” al que asomarnos para recuperar la firmeza de la cabeza y el corazón, uno que no niegue el negro sino que, asumiéndolo, de algún modo lo ilumine y lo venza? Allí donde, habiéndose dado otro Mal radical, se hubiese operado al mismo tiempo una Salvación todavía más radical, de modo que el primero hubiese sido vencido desde dentro por la segunda. Tal situación, desde la perspectiva de la fe, se dio (se da) en Jesucristo muerto en la cruz, resucitado y sentado a la diestra de Dios Padre.
El pecho de Jesús sería nuestro agujero blanco, y en él, como discípulos amados, nos recostaríamos para oír, en su fondo, los alaridos, las torturas, el sinsentido, la perdición, el “mal radical”…, pero ya rescatados, traídos a casa y curados. Su pecho sería la única respuesta. Al martilleo de los agujeros negros opondríamos el latido de su rojo corazón, de su blanco pecho.