martes, 30 de diciembre de 2008

Qué fácil

¡Qué fácil es, en horas bajas, hacer una lectura plana de la propia vida, no encontrar en ella honduras ni cumbres, verse más mondo que un hueso, no encontrar carne por ningún lado, sentirse silueta sin espesor, dibujo sin relleno! ¡Qué fácil, y qué equivocado!

domingo, 28 de diciembre de 2008

Invierno (y verano)

Es invierno: el cuerpo se nos hace alma, se ensimisma, busca los adentros.
Es verano: el alma se nos hace cuerpo, se exsimisma, busca las afueras.

Más allá del instante

Lo oímos muchas veces. ¿La felicidad? Un instante, un momento. Me gustaría pensar que esos instantes y momentos duran más que lo que tardamos en pronunciar la palabra "ins-tan-te" y "mo-men-to". ¿Unos minutejos, tal vez, una horilla, acaso un diita? Muy excelso, inalcanzable casi, tiene que ser el contenido de esa felicidad para que sólo se la alcance en esos brevísimos lapsos de tiempo. Pero, ¿acaso no hay instantes y momentos que duran semanas, meses, años? ¿Cuántas veces no oímos decir a tal o cual persona que es feliz, que ha tenido una vida feliz, comentario sólo posible si se ha vivido y se vive no un instante de felicidad, sino un estado de felicidad? Y eso se nota, se ve. Sí, hay vidas felices.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Tres navidades

Tres objetos navideños: bien de consumo, bien cultural, bien religioso. Los sujetos que les corresponderían serían, en el primer caso, el ganoso de todo objeto consumible propio de estas fechas: este sujeto no pasa de la mera degustación, incluyendo la estética, pero que no deja rastro. El segundo sería el humanista que se complace en el producto cultural navideño que la fe cristiana ha prohijado, disfrutándolo de veras y con largueza: este sujeto no pasa de la admiración, más o menos profunda según los casos. El tercero, el cristiano en toda regla, hace suya la encarnación de Dios para vivir de ella y para ella: cruza el umbral en el que se había quedado el anterior y llega a la religación y el amor.

viernes, 26 de diciembre de 2008

El rey Midas

El infierno de un insaciable escritor sería que todo fuese palabra. ¿Dónde podría  entonces descansar de ella para a ella volver? Lo indecible nos ampara, lo que no admite ni necesita pronunciación.

martes, 23 de diciembre de 2008

Danos hoy

"Padre nuestro ... Danos hoy nuestro humor de cada día ... Líbranos del mal. Amen". Sí, para poder decir muy seriamente que las jirafas tienen las ideas muy elevadas. Tal era el título de un estupendo libro de José Mª Cabodevilla, cuyo subtítulo rezaba Para una teoría cristiana del humor. Otro título, éste de Carlos Díaz, decía así: "Difícil humor nuestro de cada día". Por ser, acaso, difícil, te lo pedimos, Señor, pues también él abaja las colinas y allana los senderos, también dice "Ven": a tu portal acuden legiones de clowns y payasos, de pierrots y arlequines, de cómicos y bufones, Charlot y Buster Keaton. Quien llora contigo, ríe contigo y para ti.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Fuera de mí

Lo que en mí no halla asidero ni asiento, lo que en mí resbala y no queda, aquello para lo que soy arena y no tierra, todo lo que no encuentra casa en mí: ¿podrá ser mío algún día?

domingo, 21 de diciembre de 2008

Surrounding en la zona A

Ayer, de la mano de un intrépido Ángel, me vi trepando de la zona B, clase baja, a la A, clase alta y VIP. Dios le pague tan oportuna intrepidez, porque, de repente, llegado el momento en que al coro le tocaba intervenir por primera vez en El Mesías, de Haendel -todo esto sucedía en la catedral de Santiago de Compostela-, los que estaban sentados en nuestros flancos, de repente, ¡oh sorpresa!, se levantaron. Yo, en una fracción de segundo pensé: "¡Vaya, ahora le toca al público!", y estuve a un tris de levantarme. El caso es que nuestros flanqueadores no eran público sino coro y, tachán, tachán, ¡un surrounding inesperado, vivísimo, traspasándonos, envolviéndonos, haciendo arco y bóveda sobre nuestras cabezas! ¡Dios, qué emocionante! Sólo nos faltó tocar la orla del manto de la soprano: ¡tan cerquita estábamos!

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sapo

Allá por mis treinta años me hizo mucho bien identificarme con un sapo. Durante unos meses, quizá un año, es lo que fui, y no uno que camuflase a un príncipe sino un sapo sapo. Irredento, anhelaba la redención de la visibilidad y la luz, no ser negado, ponerse al nivel de las águilas y las panteras, las ardillas y los caballos.

martes, 16 de diciembre de 2008

Burro

Una y otra vez me vuelve la explosión de aquel día, nefasta en todos los sentidos, surgida de Dios sabe qué rincón de mi ser. ¿Qué espita abrió en mí aquel rugido, aquella fiereza? No lo sé, realmente no lo sé. Uno lleva su demonio dentro, ojalá que no más que un diablillo, y a la que puede, hinca su pezuña de macho cabrío. Haré bien en hacer lo que me dijo Alfonso cuando se lo conté: verme como un burro que rebuzna, y no darle mayor importancia. Mejor burro que demonio, desde luego.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Palabra-no palabra

Si existiese una palabra que al mentar el silencio se autosilenciase de inmediato, de modo que sólo quedase lo mentado pero ya no la mención, si existiese digo, esa palabra-no palabra sería...

domingo, 14 de diciembre de 2008

Bailé

Con ocasión de la fiesta que Olaia (Eulalia, en gallego, y nombre de nuestra asociación vecinal) organiza todos los sábados posteriores al 10 de diciembre, día de nuestra patrona, Santa Eulalia, y en la que no faltó el pulpo, la empanada, el chorizo y el vino, protegidos bajo una carpa mientras fuera arreciaba frío y lluvia, volví a bailar después de mucho tiempo sin hacerlo. Al compás de las canciones pachangueras del dúo Rosa negra, compuesto por mi amigo Santi y una tal Azucena, mi cuerpoalma no opuso resistencia a la entrada de los compases por los dedos de mis pies, donde comenzaron la escalada cuerpo arriba, hasta que todo él, una vez alcanzadas las puntas de los pelos de mi cabeza, se dejó llevar, desinhibido, y sintió así, una vez más, como vencía la ley de la gravedad y se hacía volatinero y saltimbanqui, no mucho, la verdad, tampoco voy a exagerar, pero sí lo suficiente como para salir de la inflexible compostura diaria. Una de mis trayectorias posibles, de no haber elegido la que hoy en día me encarrila, habría sido la de bailarín, o gimnasta, o trapecista, cualquier oficio que me permitiese cobrar elasticidad y soltura, gracia y ritmo corporal, para sentirme un poco el águila que no soy, o la gaviota, o el halcón, habitante de aires sobre las cumbres.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

La palabra del cadáver

El cadáver tiene algo que decir, lanza una última palabra, dice Domingo García Sabell en Paseata arredor da morte. Es, pues, del todo inoportuno tapar el féretro e impedir su visión a los presentes. A mi me gusta observar los cadáveres, o mejor, me gusta que su visión me golpee, me diga algo. No me aterrorizan en absoluto. Unas veces pronuncian la palabra "majestad" y otras la palabra "vacío". De lo segundo tuve noticia al contemplar el cuerpo muerto de mi tío Ramón, hace ya algunos años. Sentí fuertemente la ausencia, el des-almamiento de aquel cuerpo que había sido mi tío. Y decir aquí "cuerpo" es concederle al muerto algo que ya no es: cuerpo se dice de un vivo y sólo así es cuerpo. Pero es inevitable ver en el muerto reciente un fleco todavía de vida, de corporalidad. De lo primero, la majestad, tuve noticia hace unos días, mientras contemplaba el cadáver de una vecina. El aspecto estatuario, rígido, inflexible, de una persona muerta es tal que impone una sensación de majestad, de señorío. Pero, si de poder hemos de hablar, el de la muerte, que sea no el de una soberana sino el de una hermana, la hermana muerte que saludó con santa simplicidad San Francisco de Asís.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Duelo sin ovillo

Dolerse, sí, dejando salir por los ojos el mar que nos ahoga, lejos de la muchedumbre, a solas o acompañados por nuestros fraternos, recogidos, íntimos, aguantando el grito, expulsándolo si se puede. Fase de duelo, de estar, en rima fácil, sin suelo, desolados, desollados. Vale, es así, no hay otra: cruzar el túnel, aguantar el tipo, caerse, volver a levantarse, desesperarse, recuperar la esperanza, rezar, rezar mucho, dejar que Dios y el tiempo, en comandita, vayan obrando el consuelo. Pero no ovillarse, no quedar encerrado en la pena, atrapado por ella. Luchar por no ser ovillo, por ser hilo suelto del que Dios pueda tirar para llevarnos a sus campos de luz.

martes, 2 de diciembre de 2008

Falleba

Leo una novela corta. Aparece la palabra falleba. Acudo al Diccionario de la Real Academia Española: "Varilla de hierro acodillada en sus extremos, sujeta en varios anillos y que sirve para asegurar puertas o ventanas". Leo, entiendo, pero no veo. Recuerdo lo que nos había dicho en una ocasión mi profesor de cristología y de varios cursos monográficos, todos apasionantes, Olegario González de Cardedal: "Las cosas hay que verlas. Fijaos. Aquí está la puerta. Pues mirad: esto es el gozne o bisagra y esto es el quicio". Vuelvo a mi falleba, con el consejo de Olegario de la mano, y acudo al impagable Google. Escribo falleba, pulso en buscar imágenes y ¡voilá, he aquí la falleba, al fin vista! Giro entonces mi cabeza hacia la derecha, me fijo en la ventana de mi habitación y ¡voilá al cuadrado! ¡Estuvo aquí toda mi vida, acompañándome, la humilde varilla de nombre tan hermoso, falleba! Ahora que he visto y revisto, al fin entiendo. Ilustración del diccionario e ilustración de la vista. Con tantas palabras, ¡qué manca se queda la primera sin la segunda!

lunes, 1 de diciembre de 2008

Nieve y sol

Ayer cayó la nieve copiosa, silenciosamente. ¡Qué hermosura, Dios mío! Pero eché en falta el sol, el cielo azul que, de haber estado presentes, la habrían hecho imposible. A esta imposibilidad, sin embargo, le dio la vuelta mi fantasía. Imaginé un día de sol radiante, un cielo azul y despejado como ningún otro, y nevando. Entonces, ¡ah, entonces!, la hermosura, ya no de este mundo, hubiese sido total y completa. Pura fantasía de un día primaveral, en el que, a la par que las flores naciendo de la tierra, tendríamos las flores del agua naciendo del cielo, copos estivales cubriendo niños con camisetas de sisa o manga corta.

Blanco

Blanco sobre blanco sobre blanco... Juego de nieves para salir de una paleta de colores que se ha vuelto loca, que nos vuelve locos con su pigmentación furiosa.
Necesidad de lo blanco como silencio pictórico cuando los colores se vuelven ruido.