lunes, 22 de enero de 2018

Gary Oldman

Gary Oldman es uno de los míos. Me cayó bien desde el principio. El Drácula que interpretó para Coppola era terrorífico y genial. Por su forma de encarnar a los personajes, creo que se inscribe en la estela del Actors Studio y sus Brando, Newman y demás. El George Smiley, de la novela de John le Carré, al que dio vida en la película El topo, es una de las mejores interpretaciones que he visto en toda mi vida. Parsimonioso, frío, ejecutor, da su golpe maestro y vence al final a todos en un acto de suprema inteligencia. En varios momentos de la película lo vemos nadando en una piscina. En ella se relaja. La escena es poderosa porque comprobamos hasta qué punto es dueño de sí mismo. Casi sentimos cómo ordena su pensamiento, cómo avanza hacia la solución final. Parece un reptil que avanza cauteloso hacia su víctima. Y todo esto viene a cuenta del Globo de Oro que ganó hace unos días por su interpretación de Winston Churchill, en la película Darkest Hour. Cuando habló, tras recoger el premio, estaba emocionado. El último agradecimiento fue para el premier británico. Él también lo es, concretamente de Londres. Ganará el Óscar, claro.

sábado, 20 de enero de 2018

Je ne suis pas un autre

Al tener autoconciencia puedo hablar conmigo mismo, pareciendo que me desdoblo. Pero sólo lo parece pues no soy dos sino uno. Al contrario que Rimbaud, je ne suis pas un autre.

martes, 16 de enero de 2018

El manifiesto

Como no hay ningún avance en la historia que, afectado por la ley del péndulo, no lleve las cosas al extremo, en el caso de las denuncias por abuso sexual que, por fin y con toda justicia, se están llevando a cabo principalmente en Estados Unidos, eso significará que se vea abuso donde no lo hay y que se denuncie lo que no es denunciable. En este sentido, el manifiesto que han firmado 100 mujeres francesas, entre ellas Catherine Deneuve, y que ha publicado Le Monde, en el que critican los posibles excesos que se puedan cometer bajo la presión añadida de un feminismo y un puritanismo exacerbados, es necesario en la medida que intenta traer el péndulo a su posición correcta, que es en el medio de la balanza. Otra cosa es que, en sus términos, haya acertado a decir lo que exactamente había que decir.

domingo, 14 de enero de 2018

Pensar, lo que se dice pensar

Pensar, lo que se dice pensar, lo hace uno pocas veces, si tal acción ha de ser “clara y distinta”, que diría Descartes. ¿Cuándo está uno en condiciones de que sea efectivamente así? Cuando estás solo, retirado en tu habitación, concentrado. En mi caso esto ocurre cuando escribo, lo cual significa que únicamente cuando escribo pienso. Lo otro queda en el extrarradio del verdadero pensar.

viernes, 12 de enero de 2018

Como Rosetta

Ayer, desde que me levanté hasta que marché para el trabajo, me comporté como un soldado, o mejor, como Rosetta, la protagonista de la película homónima de los hermanos Dardenne. No permití que ni angustillas ni desesperacioncillas me distrajesen de mi carrera matinal. Hacerlo significaba caer en sus redes y de ningún modo quería que tal cosa ocurriese.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Manto de plata

Del “manto de plata”, para referirse a las heladas mañaneras que por fin han llegado, ya está uno un poco harto, pero tampoco es fácil encontrar una expresión que la sustituya con el mismo efecto. ¿Manto de tiza, de harina, de azúcar, de cal, de leche, de algodón? Como que no. Habrá que seguir tirando de la plata, reinventándola.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Identidad

Oigo la palabra “identidad” y me sale espuma por la boca, tanto la del epiléptico (pierdo el conocimiento y entro en convulsiones) como la del perro rabioso (mordería, ay, de la rabia que me entra…). Pero me reconvengo y me digo: “Pero si la rabia, y la pérdida de conocimiento, y las convulsiones son cosa de ellos, los identitarios”. Y entonces va y me calmo.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Apocopando

Decimos “muchas” en vez de “muchas gracias”, “buen finde” en vez de “buen fin de semana”: ¿es la tendencia habitual a apocopar el lenguaje o es que ahora tenemos menos tiempo, vivimos más deprisa y hasta fuelle nos falta para decir la frase entera? ¿Apocopamos también la realidad, la acortamos, la hacemos más breve y por ello menos intensa? ¿Es hoy, y más que nunca, el hombre la versión corta de sí mismo?

viernes, 17 de noviembre de 2017

Deborah Kara Unger

Qué alegría encontrarme de nuevo con Deborah Kara Unger en The Way, la película sobre el camino de Santiago que dirigió Emilio Estévez y que tuvo como protagonista principal a su padre, Martin Sheen. Sólo conservaba dos recuerdos de esta actriz canadiense. El primero corresponde a su actuación inmensa en The Game, y el segundo me trae la imagen de un bar, de un mostrador y de ella sirviendo unas copas en no recuerdo ya qué película. Creo que en esta última ya había prorrumpido en un “¡hombre, Deborah, qué alegría verte de nuevo aunque sea en un papel secundario!” Deborah Kara Unger pertenece a ese tipo de mujer que, por su belleza y contundencia, siempre me atrae. Pertenecería a la saga que encabeza Katharine Hepburn desde el pasado y Sigourney Weaver en el presente. En The way interpreta el papel de una mujer rota, que fuma sin parar y que pretende dejar de hacerlo en cuanto llegue a Santiago. Pero, como ella bien dice cuando está con sus tres compañeros de ruta delante del mar en Muxía y enciende de nuevo un cigarrillo para sorpresa de ellos, no se trataba de eso. En un momento dado de la película, se sincera con el personaje que interpreta Martin Sheen y le dice que su marido la maltrataba. No soportándolo ya más, y estando en esa época de su vida embarazada, decidió abortar para que su bebé no fuera víctima del mismo maltrato. Y añade: “A veces escucho su voz… La de mi bebé… Sé que es una locura porque no llegó a nacer, pero me imagino cómo habría sido su voz. Y a veces la oigo. A veces juraría que la oigo”.